Relatos

REVUELTAS Y PROTESTAS

En este nuevo post os traigo un relato corto un poco revolucionario.

Con este nuevo escrito he llegado al duodécimo relato del #RetoRayBradbury.

Espero que os guste.

 

REVUELTAS Y PROTESTAS

El ambiente en las calles empezaba a ser insoportable.

Todo tipo de manifestaciones y protestas tenían lugar por todas las ciudades de España.

Todas las personas comprendidas entre cero y años infinitos se vieron afectadas.

En alguna medida, toda raza o religión sufrió lo que pasó.

Ya fueras alto o bajo, rubio o moreno, gordo o flaco, no importaba, tu mundo podría haber desaparecido en cuestión de horas.  Algo grave había pasado y la gente no lo acababa de comprender.

Lo que pasó en aquellos tiempos fue recordado por todos para siempre y las soluciones a las que se llegaron fueron de lo más radicales.

La crisis estuvo a punto de paralizarlo todo, pero los expertos dijeron que fue necesario.

Esto fue lo que pasó.

Los empleados de las fábricas estaban hasta las narices de que les trataran de aquella manera. No tenía lógica que mantuvieran el mismo número de trabajadores todos los meses del año.

No era lo mismo trabajar en marzo que en diciembre, ya que o se tocaban la nariz de aburrimiento o no paraban de trabajar en todo el día. No había comparación posible. Por ese motivo, habían decidido ir a la huelga y esperaban que otros colectivos se les unieran. Esa lucha era de todos y para todos.

Tenían que negociar con urgencia con los tres Reyes Magos y con Santa Claus.

Eran unos explotadores que mandaban a los duendes a trabajar mientras ellos se dedicaban a leer cartas y a vaguear todo el año. Ponían la excusa de que su trabajo también era duro, que tenían que estar toda la noche trabajando. Por favor, una noche. ¡Vaya morro!

Pedían mejoras salariales y unos turnos de trabajo más coherentes. Sino, aquellas Navidades, serían de lo más tristes. Los niños no recibirían ni un regalo.

Su convocatoria tuvo éxito y consiguieron que más colectivos se unieran.

Entre ellos se encontraban, el Hada de los dientes y el Ratoncito Pérez, que estaban liados desde hacía mucho tiempo y vivían juntos en una casita preciosa de las afueras de Mataró. Pues estas criaturas tan necesitadas y tan queridas, se habían puesto de acuerdo para protestar. Sus motivos eran que los niños ya no producían unos dientes de calidad como los de antes. Ahora comían tantas chuches y tanta bollería industrial, que la mayoría de sus dientes iban directos a la basura. Las caries los destrozaban de tal manera, que los hacían inservibles.

Si no se tomaban medidas urgentes contra los padres irresponsables, no volverían a recoger ni un diente más. Se acabaría eso de dejar dinero o algún que otro juguete bajo la almohada a cambio de esa mercancía defectuosa. Ni hablar del tema.

Los siguientes en unirse fueron los fabricantes de sueños. Decían que los niños y niñas hacían tantos deberes y tantas actividades extraescolares, que cuando se dormían, estaban tan cansados que no soñaban ni una sola vez en toda la noche. Al no necesitar sueños, se estaban quedando sin trabajo y eso no podía ser. Pedían una regulación urgente para que los adultos dejaran a los pequeños jugar más horas en casa o en el parque, como se hacía años atrás.

Tampoco se quedaron cortos los personajes de los cuentos. Decían que a los niños ya no se les leían esas mágicas historias. Sus padres volvían del trabajo tan cansados, que solo querían que sus niños se acostaran pronto para poder descansar de una vez. Por lo tanto, los personajes de los cuentos habían dejado de ser necesarios. Había que protestar con energía contra eso.

Enseguida se les unieron los dibujos animados. Ya casi no trabajaban, los niños habían sustituido la televisión por las tablets.

Preferían un videojuego o ver a sus youtubers favoritos a unos buenos dibujos animados. Su objetivo de hacer felices a los niños ya no tenía sentido.

Algo había que hacer.

No menos importantes fueron las protestas de las asociaciones de libros. Se quejaban porque la gente ya no disfrutaba con la lectura de una buena historia. Ahora pasaban horas y horas perdidos por las redes sociales, leyendo pequeños mensajes y toda clase de vídeos de bromas. Esos contenidos, algunos ridículos, los habían desplazado para siempre. No dudaron, pues, en unirse a las protestas.

Por último, un grupo de abuelas de lo más luchadoras, decidieron incorporarse a las movilizaciones.

Querían que volvieran las historias que les contaban a sus nietos alrededor de la chimenea, o estufa en su defecto, sentadas en su sofá tapadas con una mantita, de aquellas de lana a cuadros.

La vida no era vida si tú encantadora abuela no te había explicado una buena batallita de juventud. Tocaba protestar para recuperar aquellos momentos.

Ante tantas protestas por parte del mundo mágico, que todos estos colectivos representaban, y la incorporación de otros valientes a la causa, el gobierno decidió intervenir y decretar una ley que lo solucionaría todo.

Se habían reunido durante largas horas, debatiendo cuál sería la mejor solución.

Habían consultado a todo tipo de comités de sabios, expertos de diferentes materias, científicos internacionales de prestigiosa reputación e, incluso, habían buscado en la Wikipedia.

Al final, se decidieron por una ley salomónica. Para llevarla a cabo, construyeron un artefacto muy especial: una máquina del tiempo para viajar al pasado. Gracias a las miles de visitas a webs especializadas y refraneros varios, se dieron cuenta de que… “todo tiempo pasado había sido mejor.”

Se reunieron con los colectivos afectados y estuvieron de acuerdo con esa medida.

No veían una solución mejor para sus problemas. Así que se decidió retroceder un siglo atrás, donde todo el mundo parecía vivir la vida a otro ritmo.

Se viajó a un tiempo donde las tradiciones y el mundo mágico eran mejor valorados.

Las protestas finalizaron y todos los afectados coincidieron en que sus problemas habían desaparecido.

Los duendes trabajaban más relajados; los dientes mejoraron su calidad; los seres de los cuentos fueron de lo más felices; los libros volvieron a ser leídos y las abuelas y abuelos se hartaron de contar batallitas.

Ahora me voy a dormir. Mis fabricantes de sueños tienen mucho trabajo y ya me esperan con otra sorpresa preparada.

Os invito a que, sin viajar al pasado, hagáis del presente un lugar mejor. Un lugar al que quieran viajar, sin pensárselo dos veces, las generaciones del futuro.

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1 comentario en “REVUELTAS Y PROTESTAS”

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