Relatos

RELATO CORTO: “A CIEGAS”

Hola, escritor@s y lector@s en general. Hoy os traigo el relato número 13 del #RetoRayBradbury.

Es un número que a mucha gente no le gusta y lo intenta evitar como sea.

Para restarle importancia, decidí preguntar a mis hermanos y amigos la temática que preferían para esta semana. Y esto es lo que salió.

Un consejo: no preguntéis a nadie después de la tercera cerveza. Puede ser peligroso.

A ciegas

Abrí los ojos, no me encontraba nada bien. No sentía mi cuerpo, era como un ente extraño que no me pertenecía. Oía ruidos a mi alrededor, pero no los llegaba a entender. Eran como unos rugidos lejanos que lo envolvían todo.

El lugar donde me encontraba estaba en una oscuridad absoluta y, de vez en cuando, se producían unos movimientos extraños que hacían retumbar todo lo que me rodeaba.

Estar a oscuras hizo que el resto de mis sentidos se aguzaran un poco más, así pude detectar un olor de fondo nada agradable, por no decir que era de lo más asqueroso.

Empecé a moverme muy despacio. No quería tropezar con nada que hubiera tirado por el suelo y hacerme daño. Tras dar unos pasos, me topé con algo que no supe identificar. Me agaché para poder tocarlo mejor y lo zarandeé un poco.

Una voz salió de aquel bulto y me dio un buen susto.

—¡Ah! ¿Qué sucede?

—Tranquilo, amigo. ¡Vaya susto me has dado!

—¿Quién eres?

—No lo sé. Me he despertado hace unos minutos. ¿Y tú?

Hubo unos segundos de espera.

—Pues, no lo sé. Yo tampoco me acuerdo.

—¡Qué extraño!

—¿Dónde estamos? No puedo ver nada.

—Tampoco lo sé. Desde que me he despertado, estoy buscando un foco de luz, por pequeño que sea, para orientarme, pero no hay nada.

—¿Y qué coño es ese olor? Apesta.

—Debemos estar cerca del alcantarillado. No tiene otra explicación.

260px-Alcantarillado01

Mi nuevo compañero se incorporó.

—Sigamos avanzando pegados a la pared, con cuidado.

—¡Qué asco! Este tacto de las paredes y el suelo es tan viscoso. ¿Qué debe ser?

—Ni idea, todo es bastante raro. Y este conducto, además, es bastante estrecho, me cuesta respirar.

—Tengamos paciencia y sigamos avanzando. A algún sitio llegará.

Los dos amigos continuaron por ese extraño túnel. De vez en cuando volvían a oír aquellos raros sonidos, siempre acompañados de esos violentos movimientos que les hacían caer al asqueroso suelo. Aquel olor repugnante se les pegaba al cuerpo sin remedio, haciendo que su avance fuera bastante penoso.

Mientras avanzaban, se iban topando con toda clase de desperdicios. Los iban apartando como podían, sin tocarlos demasiado. Vete a saber qué infecciones podrían coger allí dentro.

De repente, el túnel, que zigzagueaba constantemente, se ensanchó y pudieron avanzar más cómodos.

Las paredes y el techo pasaron a ser algo más rugosas y el fétido olor aumentó hasta hacer casi imposible la respiración.

Los ruidos se hicieron ensordecedores y los temblores empezaron a dificultar su avance.

Pasados unos metros, giraron a la derecha y se toparon con un bulto enorme que les bloqueaba el paso. Palparon bien en la oscuridad buscando algún hueco para seguir su avance. No querían ni imaginarse que estuvieran atrapados.

—¿Qué hacemos? No se puede pasar.

—Intentemos pasar por encima. Igual hay espacio para avanzar tumbados.

Escalaron por aquella forma tan desagradable al tacto y que olía tan mal. Empezaron a arrastrarse poco a poco. Cómo todo en aquel lugar, la sensación que tuvieron al pasar por esa cosa, fue asquerosa.

Tras varios minutos de duro esfuerzo, se dejaron caer al otro lado. Cada vez olían peor.

Siguieron avanzando y tras volver a girar una esquina, oyeron una especie de  deflagración y sintieron como un calor intenso les rodeaba.

—¿Qué ha sido eso?

—Tenemos que ir con cuidado. Debe ser una especie de incinerador. Igual estamos en una planta de esas que queman desechos. Por eso huele todo tan mal. Pero ¿Cómo hemos llegado aquí?

—Ni idea, amigo. Sigamos avanzando, no puede quedar mucho.

kilnfire.jpg

Bien pegados a la pared, siguieron avanzando, cada vez con más precaución.

Entonces, percibieron una luz al final del corredor. Parecía una compuerta que se abría cada cierto tiempo. Aquella era la única salida que veían por allí, así que decidieron seguir un poco más.

Un ruido muy fuerte, seguido de un temblor terrible, les hizo desequilibrarse y caer al suelo. Percibieron movimiento detrás de ellos. La compuerta se volvió a abrir y entró algo de luz. Al mirar a su espalda, vieron como aquel bloque asqueroso y duro se les acercaba con cada nuevo temblor. Debían salir de allí de inmediato.

A uno de los amigos le entró el pánico y sin dar tiempo a nada, salió corriendo hacia la compuerta. El otro le gritó que parase, que no lo hiciera, pero fue demasiado tarde.

Pudo observar como, cuando se volvió a abrir la compuerta, su amigo desaparecía entre un terrible ruido, seguido de una gran llamarada que lo envolvió por completo.

Ahogó un grito de horror. Su compañero había actuado sin pensar, dominado por el miedo, y le había costado la vida.

Decidió acercarse más despacio. Si quería salir de allí sano y salvo, debía andarse con ojo.

De repente, oyó unos sonidos diferentes, apagados, familiares. Parecían voces.

Se acercó con energías renovadas. Había alguien allí que tal vez podría ayudarle.

Se paró al lado de la compuerta y escuchó. Se oían risas y música. Allí detrás había una fiesta, estaba seguro de ello.

Entonces, se volvió a oír ese ruido ensordecedor y se vio expulsado al exterior sin poder evitarlo.

A partir de ese momento, todo fue una locura. Empezó a girar en el aire mientras la música se hacía más clara y escuchaba aquellas voces de adolescentes.

—¡Joder! El mechero ha fallado.

—¡Ya te vale, Juan! Este había sido brutal. ¡Vaya peste!

—Tranquilo, que el siguiente pedo no se me escapa. Me juego lo que sea a que te quemo las cejas.

Por último, al parar de girar, pudo ver como unos chicos estaban tumbados en un sofá con las piernas hacia  arriba. Tenían los pantalones y los calzoncillos bajados; y mecheros en sus manos. De vez en cuando, de sus culos salía fuego, como si de un lanzallamas se tratara.

Pasados unos segundos, se empezó a desvanecer y comprendió que todo acababa allí.

Ascendió a las alturas de aquella gran estancia.

Sin duda, había tenido una vida corta pero intensa.

Se fue en paz.

JORDI ROCANDIO CLUA

 

 

Nos leemos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s