Relatos

RELATO CORTO: “MADRE TIERRA”

Hola a tod@s. Seguimos adelante con el #RetoRayBradbury, hoy el número 27.

¿Qué pasaría si la tierra tuviese consciencia de ella misma? ¿Le gustaría lo que estamos haciendo con el planeta? ¿Cómo reaccionaría?

 

MADRE TIERRA

 

Hacía miles de años que se sumergía en los mismos sueños. Una y otra vez se dejaba abrazar por esa paz que tanto le gustaba.

Sus inicios fueron duros, como en tantos seres vivos.

Los primeros años siempre eran los más delicados. Si conseguías superarlos, el resto era coser y cantar.

En varias ocasiones tuvo momentos duros de verdad.

Cuando pensaba que todo estaba encarrilado, un terrible accidente tuvo lugar. Un inmenso impacto la partió en varios pedazos. Tardó millones de años en recuperarse.

No todo fue malo, por eso, ya que tuvo la oportunidad de conocer a su fiel compañera, la Luna, que le acompañaría infatigable para siempre.

LUNA

Pasaron los años y la Tierra evolucionó. Su posición aleatoria en el sistema solar le había dado la oportunidad de prosperar en condiciones más estables que sus lejanos hermanos.

Todo se desarrollaba como tenía que ser.

Pasados millones de años, las profundidades de su ser se calmaron y la superficie empezó a enfriarse.

Aparecieron los primeros seres vivos. Animales, plantas y hongos se extendieron por todas partes.

La armonía y la paz prosperaron por el planeta mientras las especies crecían en tamaño.

A ella le parecía bien tal y como iban las cosas, así que por fin pudo descansar. Durmió y durmió durante millones de años.

Sin embargo, un acontecimiento fatídico la despertó de repente. Un enorme meteorito impactó contra ella e hizo que una nube de humo oscuro la envolviera.

Aquello provocó una extinción en masa y una nueva oportunidad para las especies que sobrevivieron.

Una nueva era empezó. El horror dio lugar a una nueva luz y, tras miles y miles de años de adaptación, las nuevas especies se abrieron camino.

Las observó durante mucho tiempo y le gustó lo que vio.

El sueño la abrazó dulcemente de nuevo y soñó con el regocijo de saber que sus animales y plantas cuidaban de ella mientras no estaba consciente.

Miles de años después, un sentimiento oscuro hizo que se despertara. Observó con detenimiento a las especies de la superficie y descubrió a una que había conseguido imponerse al resto.

La estudió con detenimiento y experimentó sentimientos encontrados. Era una especie extraordinaria, cierto, con seres bondadosos que ayudaban a los demás y vivían en paz, capaces de realizar grandes cosas.

Sin embargo, su comportamiento no era el adecuado en todos los casos. En otros miembros de esa especie había maldad. Una maldad capaz de alterar la existencia pacífica del planeta.

Se trataban mal entre ellos, se peleaban continuamente y provocaban males terribles que afectaban a la fauna animal y vegetal que los rodeaba.

También observó que allí donde se asentaban explotaban los recursos, provocando que algunos animales tuvieran que huir de sus hogares.

Decidió continuar despierta una temporada para estudiar su evolución.

Entonces descubrió que eran seres muy creativos, dotados de una inteligencia que les permitía crear arte.

Se maravilló con sus pinturas, sus edificaciones, sus esculturas, sus libros, su música. Se enamoró de esa especie tan avanzada, con sus defectos, claro, pero también con sus virtudes.

Al final, ante tanta belleza, un sueño acogedor se apoderó de ella y se durmió satisfecha. Al fin y al cabo, el planeta seguía su curso y se recuperaba de los destrozos de aquellas gentes.

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Pasaron varios milenios y…

–¿Qué es esto? ¿Me estoy despertando o sigo soñando? No, no puede ser un sueño, duele. Debo saber qué es.

Algo provocó un nuevo despertar. La Tierra necesitaba saber por qué no podía seguir con su descanso.

Tomó consciencia de nuevo y empezó a recorrer su propia superficie en busca de alguna anomalía.

Tenía muchas ganas de volver a disfrutar del viento, de las verdes praderas, de las altas montañas, de los profundos mares, de los lagos azules, de la blanca nieve o de los reflejos del cielo.

Ansiaba cruzarse con los animales salvajes en las sabanas o nadar con las ballenas azules en las profundidades.

Contemplar la belleza infinita de los desiertos y esas formas imposibles de las erosionadas rocas.

Y así pasó las siguientes horas… viviendo.

Entonces, cuando se había olvidado por completo del motivo de su despertar, se encontró con las cosas más horribles que jamás había presenciado en sus millones de años de existencia.

Una gigantesca isla de basura en medio del océano; en la selva del Amazonas un bosque muy antiguo había desaparecido debido a la deforestación; ríos contaminados donde los peces morían; nubes de contaminación sobre las ciudades; el deshielo de los polos; mareas negras de los petroleros; pero lo peor, lo que le provocó más tristeza, fueron las zonas de exclusión que los humanos habían delimitado debido a los accidentes nucleares. Miles de kilómetros cuadrados donde plantas y animales sufrían por algo de lo que no eran responsables.

Los humanos, aunque tenían cosas buenas y de admirar, la estaban matando. Si continuaban así no habría nada que contemplar, la Tierra se convertiría en un solar ardiente y polvoriento.

Era una especie capaz de acabar con el resto de moradores del planeta.

Esta situación no podía continuar así. Se había puesto enferma, un virus letal se había implantado en lo más profundo de su ser. Un virus que se había extendido por toda su superficie y que provocaba devastación a su paso. La temperatura había empezado a subir sin remedio y las otras especies habían sido mermadas sin contemplaciones.

Tenía que encontrar un remedio. Tras años de cavilaciones llegó a la única solución posible.

Se puso manos a la obra.

Aquella especie le provocó una rabia tan intensa que no pudo contener lo que sucedió a continuación.

Cientos de fenómenos cataclísmicos arrasaron el planeta durante años a una escala nunca vista. Terremotos, erupciones volcánicas, ciclones, tornados, tsunamis, olas de calor, de frío, sequías e inundaciones acabaron con los humanos en pocos años. Nadie pudo sobrevivir mucho tiempo a esas condiciones tan extremas, nadie.

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La civilización más avanzada había desaparecido bajo toneladas de tierra, lodo y agua. Ningún rastro quedó de ella.

Esto provocó un nuevo comienzo y una nueva esperanza para el planeta.

Al cabo de dos millones de años, la Tierra pudo observar como, una vez recuperada, plantas y animales convivían en un orden natural.

Por fin había llegado la hora de retomar un merecido descanso.

Con la madre Tierra dormida profundamente, las especies vivían, se relacionaban, se reproducían y, por último, morían.

Pero también evolucionaban para adaptarse a los cambios que se iban produciendo.

Un día, una pareja de animales caminaba por un bosque, emitían unos extraños sonidos nunca escuchados hasta ese momento.

–No puedes hacerlo. Nos han dicho que no.

–Eso es una tontería, con el hambre que tengo no voy a desperdiciar esta oportunidad. La pienso coger.

–Bueno, yo ya te he avisado, Eva. Tú misma.

–¿Qué es eso tan malo que nos podría pasar, Adán? Vivimos en un paraíso.

JORDI ROCANDIO CLUA

Espero que os haya gustado.

 

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Seguro que lo disfrutaréis.

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Nos leemos.

 

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