Relatos

RELATO: “EL REINO DE LA LUZ”

Hola a tod@s. Esta semana os traigo una historia de dragones. Es el relato número 37 del #RetoRayBradbury.

Espero que os guste.

EL REINO DE LA LUZ

 

El joven príncipe y heredero del Reino de los Bosques se había escondido otra vez. Siempre intentaba sorprenderme, pero nunca lo conseguía. Esta vez decidí dejarme pillar. Al cabo de pocos segundos, noté a Cristhian subiendo por las escamas de mi cola. Giré la cabeza con gesto sorprendido y me tumbé de lado en señal de derrota.

Nos empezamos a reír con gusto.

Me encantaba la relación que teníamos y esperaba de todo corazón que se propagara a todos los habitantes del antiguo Reino de la Luz.

Así se denominaba a la unión entre los dos reinos conocidos: el Reino de los Bosques, habitado por los humanos y el Reino Insular, habitado por los dragones.

Desde el principio de los tiempos, la convivencia en el Reino de la Luz había sido armoniosa. Dragones y humanos compartían todos los confines de la tierra y las relaciones entre ambas especies eran sanas y fuertes. Cuando un dragón unía su esencia a un humano, lo hacía para siempre. Tal unión solo se podía romper si uno de los dos así lo decidía, provocando la muerte del otro al instante.

Muchos dragones murieron por ese motivo y todo fue culpa de uno de nosotros.

El Reino Insular estaba gobernado por tres dragones, uno de cada familia. Los nombres Jakfur, Druzon y Kelinder nos representaban a todos.

Durante muchos años convivimos en paz, hasta que un nuevo líder Jakfur llegó al consejo y lo estropeó todo.

Este dragón, cuyo nombre nos está prohibido nombrar, ocasionó una guerra civil entre nosotros. Quería el poder absoluto y someter a los humanos, una raza que consideraba inferior.

Esto provocó una larga guerra civil para evitar que ese tirano ocupase el poder.

Devastó poblados enteros y nos obligó a combatir entre las ciudades humanas, provocando miles de muertos y la eterna enemistad con nuestros antiguos aliados.

Esta enemistad llevó a que los humanos rompieran los vínculos esenciales con sus dragones, provocando cientos de bajas en nuestra especie.

Tras largos años de guerra, pudimos acabar con los Jakfur y restablecer el consejo.

Fue muy doloroso para los supervivientes acabar con toda una familia, pero no nos dejaron otra opción. Ahora solo los Druzon y Kelinder gobernaban a los dragones.

Sus objetivos fueron reconstruir el Reino Insular, intentar recuperar nuestra mermada población y redactar una de las peores leyes para nosotros. Se prohibió para siempre todo contacto con el Reino de los Bosques.

No tuvieron más remedio que dictar esa ley para asegurar nuestro bienestar. Nadie lo discutió, pero fue injusta y muy dolorosa.

Los humanos, por otra parte, decretaron nuestra caza y exterminio. Ya no confiaban en los dragones y prometieron grandes recompensas por nuestras cabezas.

Se intentó explicar la situación a los reyes humanos, pero no entraron en razón.

Provocamos tanto dolor que no hubo manera de restablecer la confianza.

Así fue como nuestra especie entró en declive, puesto que sin el vínculo esencial con los humanos, nuestra existencia no tenía sentido y no nos quedaba otro futuro que una muerte lenta.

Las cosas no podían seguir así. Si alguien no actuaba, desapareceríamos sin remedio.

Así que yo, Jockfrun, hijo de Fracksur Kelinder, uno de los dos dragones del consejo, decidí actuar.

Llegó un momento en que se me hizo insoportable ver sufrir más a mi pueblo y algo me empujó hacer lo que hice.

Crecí escuchando la terrible historia de la gran guerra y su devastación. Los ancianos explicaban que en tiempos más felices habíamos convivido en paz con los humanos y como nuestra esencia se unía a la suya, haciéndonos prosperar como especie.

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Estudiaba en los textos antiguos como nuestra razón de ser era proteger a esas gentes y como nuestra magia llegaba a su clímax con esa fantástica unión. Nuestros tres corazones latían con su fuerza absoluta si un humano nos quería a su lado.

Intenté convencer a mi padre para volver a hablar con el rey actual, pero se negó.

Había una ley que lo prohibía y se debía cumplir. Así habían actuado siempre y no se podía cambiar.

Por supuesto, yo no estaba de acuerdo, así que una noche, esquivando a los vigilantes que rodeaban nuestro reino, me escapé para acercarme al Reino de los Bosques.

Tenía ganas de conocer todo lo que había leído en los libros o escuchado en las historias de los ancianos.

Sobrevolé a gran altitud las tierras de ese reino tan desconocido para mí. Me fascinó al instante. Algo me atraía con fuerza hacia allí, como si mi instinto me dijera que aquel era mi lugar, entre aquellas personas que en ese momento dormían.

Pasados unos minutos y tras observar desde las alturas, decidí bajar un poco más.

Una de nuestras mejores cualidades son nuestra excelente visión y el fino oído que nos permite cazar sin problemas, así que pude comprobar con facilidad que no había nadie por los alrededores. Bajé hasta una montaña y me escondí detrás de unas grandes rocas. Esperaría hasta el amanecer para observar a los humanos con más detalle.

Aquella mañana fue increíble, fui feliz, todo mi ser latía con fuerza y me sentía más poderoso que nunca. Los ancianos tenían razón, nuestro destino estaba con ellos y no aislados en nuestra isla. Eso me convenció del todo. Alguien tenía que arreglar las cosas y ese sería yo.

Cuando anocheció, decidí volver a mi reino para no despertar sospechas. De camino a casa, empecé a pensar en una solución. Debía encontrar la manera de hablar con los líderes humanos para convencerles de que los necesitábamos de verdad y que no había motivos para temernos. Se me ocurrió algo, pero tendría que esperar al día siguiente.

Antes del amanecer, volví a esquivar a nuestros vigilantes y volé de nuevo hasta el Reino de los Bosques.

Esta vez tenía como objetivo acercarme lo máximo posible a palacio. Desde las alturas pude ver un sitio donde esconderme. Observé atento cualquier movimiento y cuando comprobé que no había nadie, me lancé en picado a gran velocidad hasta escasos metros del suelo. Entonces, abrí las alas de golpe y frené en seco, provocando una pequeña onda expansiva a mi alrededor. Fue muy divertido. Me escondí detrás de un promontorio y observé durante largas horas.

Entonces lo vi. Algo provocó un temblor interno en mis entrañas y una atracción muy fuerte hacia esa pequeña criatura. Iba vestido con unas ropas muy elegantes y paseaba tranquilo por una parte muy aislada del bosque.

Mi instinto me obligó a acercarme, eso sí, con sigilo para no llamar su atención. No me resultaba fácil pasar inadvertido entre los árboles de ese bosque y ocurrió lo inevitable. El joven me descubrió.

Al principio se quedó de piedra, tenía cara de asustado. Seguro que era la primera vez que veía a una criatura tan grande como yo. Enseguida agaché la cabeza y el cuerpo todo lo que pude, en señal de sumisión, para que no saliera corriendo. El joven hizo ademán de salir corriendo, pero se detuvo en seco, se giró lentamente y se acercó a mí. Parecía absorto, ido. Entonces me tocó el morro y entre nosotros surgió el vínculo esencial. Nos abrimos el uno al otro por completo, nada quedaba oculto a los ojos del otro. Desde ese momento, supimos que estaríamos juntos para siempre.

Así supe que ese joven se llamaba Cristhian Farrendel y que era el heredero al trono.

El destino nos había unido para iniciar una nueva época donde la convivencia entre nosotros tenía que ser como en la antigüedad.

Igual que yo lo sabía todo sobre él, Cristhian descubrió mis inquietudes y lo mal que lo estábamos pasando en nuestro reino. Se convenció al instante de que ambas razas nos necesitábamos y que había que reparar lo que otros rompieron en el pasado.

Pasaron los días y nuestro vínculo esencial nos hacía cada vez más poderosos. Noté como Cristhian aumentaba su fuerza y agilidad siempre que estaba cerca de mí. Al mismo tiempo, yo también cambiaba. Aumenté de tamaño, mis escamas se hicieron más brillantes y resistentes, mi cornamenta se ensanchó y mis habilidades de vuelo mejoraron. No comprendía como mi pueblo había permitido abandonar toda esperanza y sucumbir de esa manera al declive de nuestra raza.

Una mañana, mi padre me llamó a su cámara privada.

–Pasa, hijo mío. Tenemos que hablar.

–Dime, padre.

–Llevo días observándote. Me temo que has desobedecido nuestra gran ley. Solo hay una cosa capaz de hacer que seas tan fuerte. Un vínculo esencial.

–Tienes razón. No creo que sirva de nada mentir.

–Cuéntame que estás tramando, Jockfrun. Si tengo que explicar tu negligencia en el consejo, debo saberlo todo.

–De acuerdo. Te mereces la verdad. Siento haberte desobedecido, pero mi instinto me ha empujado a esto. Me ha sido imposible no sucumbir a mi destino. Mi esencia y la del heredero al trono del Reino de los Bosques, Cristhian, se han unido. Ahora somos uno.

–Me temía algo así desde que eras pequeño. Nunca te has conformado con los tiempos que nos ha tocado vivir. Pero has incumplido la ley y me será muy difícil defenderte ante la otra familia.

–Lo sé, padre. Lo siento mucho.

–Todo esto es por mi culpa. Siempre he sabido cómo eres y no he hecho nada para evitarlo. Creo que en el fondo ansiaba que hicieras algo así. No quiero que nuestros actos del pasado nos lleven a nuestra desaparición. Te defenderé lo máximo que pueda, pero me tienes que traer pruebas de que lo que haces nos puede salvar.

–Mi intención es recuperar la confianza de los humanos. Todavía no sé cómo lograrlo, pero lo intentaré con todas mis fuerzas.

–Adelante. Tienes mi apoyo. Espero que esto nos lleve a buen puerto. Eso sí, sigue trabajando como hasta ahora, con total discreción. No nos conviene alertar al resto de dragones antes de lo necesario.

–Así lo haré. Tanto Cristhian como yo pondremos todo nuestro empeño en ello.

Había conseguido el apoyo de mi padre sin pretenderlo. Era un gran paso, pero de nada serviría si no lograba hacer entender a los humanos las ventajas de nuestra antigua relación. Era algo que habían olvidado a causa de aquellos años de dolor. No sería fácil.

Una mañana que esperaba la llegada de Cristhian, noté una perturbación en su alma. Estaba cerca y presentía que algo grave había pasado. Esperaría paciente a su llegada para saber más.

En ese momento, vi como cientos de tropas salían de palacio. Iban bien preparados para la guerra. Vestían con el uniforme completo de batalla y decenas de caballos tiraban de altas catapultas y otras máquinas bélicas.

Pocos minutos después, llegó Cristhian y supe al momento lo que había pasado. Su tío, el hermano menor de su padre y primer general de sus ejércitos, se había revelado contra el trono y había declarado la guerra al rey. Tenía el apoyo de unos cuantos nobles descontentos con el devenir de la economía del Reino de los Bosques y se habían unido a Jeremías, proclamándose rey en el este.

La guerra se avecinaba en el Reino de los Bosques.

–¿Qué podemos hacer? Es terrible. Mi padre está destrozado. Esta traición no se la esperaba. ¿Cómo nos ha podido hacer esto Jeremías? Yo lo amaba y admiraba por igual. Era un ejemplo a seguir.

–Las mentes se corrompen y nublan el juicio de los más sabios hombres. Cuando se llega a ese punto es muy difícil intentar cambiar los acontecimientos.

–Igual podríamos hacer algo. No quiero que nuestras gentes se maten entre sí.

–Lo veo difícil. Si intervenimos sin el consentimiento del rey y aparecemos de golpe provocando una matanza, no conseguiríamos nuestro objetivo de recuperar la confianza de la población.

–Puedo intentar hablar con padre y explicar la situación que estoy viviendo contigo, la confianza que nos tenemos. Si nos autoriza a intervenir podríamos lograr grandes cosas a nivel preventivo. Por probar no perdemos nada, la situación es desesperada.

–De acuerdo. Habla con él y prepáralo para conocerme. Si ve que soy inofensivo, tal vez tengamos una posibilidad.

–Quédate aquí. Intentaré convencerle para que venga.

–Buena suerte.

Mi fiel compañero se alejó para reunirse con el rey. La suerte estaba echada. Para bien o para mal, las relaciones entre humanos y dragones habían empezado.

Cristhian se dirigió a la cámara de su padre. Estaba reunido con unos cuantos generales decidiendo la mejor manera de repeler los ataques de su hermano. No quería entrar en batalla con él. Lo amaba y tenía que lograr convencerle de que estaba equivocado. S se arrepentía, le perdonaría por aquello sin dudarlo.

–Mi señor, el príncipe está en la puerta.

–Hacedle pasar, debería estar aquí con nosotros. No tardaré en necesitarlo.

–No quiere, señor. Le pide audiencia privada. Dice que es urgente.

–¡Maldición! Debe traer malas noticias. De acuerdo. Dejadnos un segundo. Os volveré a llamar en unos minutos.

Sus fieles hombres salieron de la cámara real saludando al imponente heredero a su salida. Se conocían de siempre y se tenían mucho afecto.

–Pasa, pasa, no te quedes ahí parado. ¿Qué sucede?

–Verás, padre. Tengo que contarte algo importante para el devenir de esta guerra. Algo que podría acabar con ella antes de que comience. Debes venir conmigo ahora y confiar en mí sin ninguna fisura.

–Habla de una vez, hijo. No tengo tiempo para acertijos.

–No puedo. Eso tienes que verlo. ¿Alguna vez te he defraudado? Debes confiar en mí, por favor.

El rey se lo quedó mirando por primera vez en mucho tiempo. Vio como su hijo se había convertido en un hombre excepcional. Había crecido mucho y su musculatura era imponente. Su mirada era decidida y llena de fuerza. Sintió que debía confiar en él. Decidió seguirle.

–De acuerdo. Te concedo unos minutos.

–Gracias. Sígueme y, sobre todo, mantén la mente abierta.

Se dirigieron a los jardines traseros de palacio. Sus hombres les seguían, pero al llegar cerca de su objetivo Cristhian se giró y les habló con determinación.

–Aguardad aquí y no dejéis que nadie se acerque. Yo me encargo de la seguridad del rey.

–Mi señor. No debemos dejarlo solo. Es muy peligroso. –dijo uno de sus generales.

–Tranquilos. Creo que el príncipe es muy capaz de defenderme. Abulta el doble que vosotros. Obedeced y aguardad aquí.

–Como deseéis, mi señor.

Se internaron en el pequeño bosque. Cristhian se adelantó un poco, le dijo a su padre que esperara y me llamó.

–Ya puedes salir, Jockfrun.

Cristhian se colocó al lado de su padre y le cogió del brazo.

–Lo que vas a ver solo lo conocíamos por los antiguos escritos. No te asustes, es mi amigo.

En ese momento, el rey vio aparecer a un enorme dragón plateado. Mis escamas brillaban a la luz del sol. Me había convertido en un animal precioso. Se quedó sin habla. Sin embargo, no sintió miedo. El rey me consideró una criatura majestuosa, que irradiaba una calidez muy agradable.

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–No puedo creer lo que estoy viendo, hijo. ¿Desde cuándo te relacionas con él?

–Hace unos meses apareció en este mismo bosque. Se creó entre nosotros un vínculo esencial que nos ha hecho inseparables. No tenemos secretos entre nosotros. Sabe y comprende la situación actual. Queremos ayudar a resolver el conflicto antes de que llegue a más.

–Hola, majestad. Es un honor conocerle.

–Lo mismo digo, Jockfrun. Hace siglos que no tenemos contacto entre nosotros. ¿Por qué apareciste de repente?

–La razón es muy sencilla, majestad, nos estamos muriendo. Siempre habíamos convivido en paz hasta que uno de los nuestros lo estropeó todo y entramos en guerra. Sabemos que causamos mucho dolor y que provocó nuestro destierro, pero todo aquello acabó. El vínculo esencial entre humanos y dragones es beneficioso para ambas razas. Jamás se debió llegar a aquello. Necesitaba hacer algo para solucionarlo y por eso vine aquí. Si no le importa, ponga su mano sobre mí y le transmitiré mis conocimientos. Verá nuestra situación y que no le engaño.

El rey no lo dudó un instante y apoyó la mano en mi morro. De repente, notó una especie de calambre y decenas de años de historia fue absorbida en segundos.

Cuando retiró la mano se quedó pensativo unos segundos.

–Conozco la historia y el horror que provocaron los dragones. No sabía que un tirano os obligó a luchar entre vosotros y que en realidad no queríais causar ningún daño a los humanos. Tampoco sabía que provocamos cientos de muertes de dragones al romper los vínculos. Debió de ser horrible para vosotros. Os pido disculpas.

–Fue en otra época, majestad. Nadie tiene la culpa de lo que pasó. Lo que sí que podemos  hacer es poner remedio. Siempre que usted nos permita intervenir.

–No os puedo dejar intervenir. Lo siento. No, sin que me dejéis ayudaros.

–¿Cómo? –intervino Cristhian.

–Pienso ir con vosotros. Quiero reunirme con tu padre, Jockfrun. Necesitamos arreglar esto de una vez para siempre.

–¿Ahora? Los guardias esperan a que salgamos. –se quejó Cristhian.

–Hagamos una cosa. –dije. –Quedaros en palacio. Yo iré a buscar a mi padre. Estoy seguro de que le encantará conocerle.

–De acuerdo. Quedamos mañana al amanecer, aquí mismo. Así tendrás tiempo de explicar con detalle todo a tu padre.

El rey y su hijo salieron del bosque. Esperé a que anocheciera y volé lo más rápido que pude hacia mi reino.

–Padre, traigo buenas noticias. He conseguido entablar conversaciones con el rey y quiere conocerte. Me tocó y conoce nuestra historia. Quiere reanudar las relaciones rotas en el pasado.

–Es una gran noticia, hijo. Así podremos aportar las pruebas que necesitaremos para tu defensa. ¿Cuándo quiere que nos reunamos?

–Mañana al amanecer.

–Perfecto, preparémonos.

Al día siguiente, los dos esperamos la llegada del rey. No tardaron en aparecer.

Cuando le dije a mi padre que se mostrara, este detectó un hormigueo en todas sus escamas. Por otra parte, el rey no pudo evitar acercarse a Fracksur y tocar su morro. Habían vinculado sus esencias.

–No me lo puedo creer. –dije. –Es extraordinario.

Tanto el rey como su dragón experimentaron un bienestar indescriptible. Notaron como aumentaban su fuerza y vitalidad. No había nada comparado a aquello. Ahora el rey comprendía el cambio en su hijo.

–A partir de ahora somos uno. No dejaré que nadie os vuelva a hacer daño. –dijo el rey. ––Primero nos tenemos que ocupar de que esta guerra no empiece. Después haremos pública nuestra nueva relación. La oscuridad entre nuestras razas debe llegar a su fin.

–¿Qué haremos para evitar el conflicto? –intervine.

–Tengo una idea que tal vez podría resultar. –dijo Fracksur.

–¡Vaya! Veo lo que piensas. Una idea genial. Esperemos que funcione. Pediré un parlamento de paz enfrente de la ciudad donde se ha resguardado mi hermano. Nos vemos allí. –nos dijo el rey a los allí reunidos. –Vamos Cristhian, tenemos trabajo que hacer.

Jeremías había reunido un ejército enorme en las tierras del Este. Había decidido acabar con el reinado de su hermano. No es que lo odiara ni nada de eso. De hecho, lo amaba más que a nadie en el mundo y siempre le había sido fiel, pero el Reino de los Bosques había entrado en una época oscura, donde todo parecía desmoronarse.

Su hermano se había conformado con el poder y no reaccionaba ante nada de lo que sucedía. Se avecinaba una nueva era, lo presentía. Y nadie mejor que él para liderar esos nuevos tiempos.

Los nobles que se habían unido a él posicionaron sus tropas en formación defensiva en torno a la ciudad donde aguardaban las órdenes de su recién proclamado rey. Les dijeron que esperaran a que la reunión entre los dos reyes acabara. Jeremías consideraba que su hermano se merecía una última oportunidad de rendición antes de pasar al ataque.

Vieron como el rey que hasta ahora habían seguido se acercaba a la ciudad. Lo acompañaba su heredero, Cristhian, que había adquirido más responsabilidades en los últimos días.

Jeremías salió de las murallas y se aproximó al claro donde habían quedado.

Había una distancia considerable que los separaba de ambos ejércitos.

–Hola, Jeremías. Venimos para evitar una guerra. Somos hermanos y sé que me quieres. No hagas esto.

–Hola, hermano. Lo mismo te digo. Ríndete, por favor. No necesitamos llegar a más. Este reino necesita savia nueva y debo ser yo el que lo lidere. Nuestro pueblo no debe sufrir por nuestras disputas.

–Veo que no vas a ceder. Lo comprendo. Eres joven y vigoroso. Tienes ganas de avanzar. Vas a necesitar que alguien te aclare las ideas, tal vez así cambies de opinión.

Pasados varios segundos, unas sombras enormes oscurecieron el terreno donde ambos ejércitos estaban apostados. Miraron hacia arriba y nos vieron. Para ellos éramos tres figuras imposibles. No se lo podían creer. Tres dragones habían hecho acto de presencia. Aterrizamos a escasos metros de las comitivas.

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–¡Qué demonios…!

Jeremías no pudo continuar. Ante sí tenía a la criatura más bella que había visto jamás. Bajó de su caballo, se acercó despacio al dragón que tenía delante y apoyó la mano en su morro. Kracken Druzon sintió vibrar todo su cuerpo. Había unido su esencia a la de Jeremías.

Este pudo conocer en cuestión de segundos toda la historia de sus antepasados y lo que habíamos sufrido los dragones. Al retirar la mano de su nuevo compañero se giró y se dirigió hacia su hermano, se arrodilló ante él y le pidió perdón. El rey lo cogió por los hombros y lo hizo incorporarse. Después lo miró a los ojos y se fundieron en un fuerte abrazo. El enfrentamiento acabó en ese mismo momento.

El plan de mi padre había funcionado. El día antes se reunió con el otro miembro del consejo y le explicó los acontecimientos de las últimas horas. Kracken se quedó de piedra al conocer esas noticias, pero aceptó la proposición de intentar evitar esa guerra. No era desconocedor de la situación de su raza, así que no tenía nada que perder.

Todo había salido bien y ahora disfrutaba de un leal compañero de batallas.

Habían pasado varios años desde aquella reunión. El Reino de la Luz había vuelto a resplandecer. Dragones y humanos volvíamos a convivir y a unir nuestras esencias.

Todo había mejorado y las razas prosperamos como en la antigüedad.

Yo pasé a ser venerado y conocido en todo el reino. Las leyendas decían que gracias a ese joven dragón que no dejó de creer en la bondad de sus habitantes, todo había sido posible.

Bonitas canciones se escribieron en mi nombre y servir de ejemplo para futuras generaciones fue todo un honor para mí. No podía ser más feliz.

La paz duraría para siempre, estaba convencido.

El Reino de la Luz jamás se volvería a apagar.

JORDI ROCANDIO CLUA

Nos leemos.

 

2 comentarios en “RELATO: “EL REINO DE LA LUZ””

  1. “Fue en otra época, majestad. Nadie tiene la culpa de lo que pasó. Lo que sí que podemos hacer es poner remedio.”
    Me quedo con esta frase. ¡Si fuéramos capaces de aplicarla a nuestro tiempo! Desgraciadamente no sabemos mirar hacia el futuro sin un velo de rencores pasados que empañan nuestra visión.

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