Relatos

RELATO CORTO: “ULTIMÁTUM”

Hola a tod@s. Relato número 43 del Reto Ray Bradbury. En esta ocasión, he convertido a mi fiel compañero canino Thor en uno de los protagonistas de la historia.

Espero que os guste.

 

ULTIMÁTUM

 

Miguel disfrutaba paseando con su perro Thor, un labrador negro precioso con una mancha blanca en el pecho y con otras tantas del mismo color en la punta de las patas. 

No era de pura raza, pero eso jamás le importó, de hecho, aquel pequeñín era el último de una gran camada al que nadie quería por no seguir los patrones de la raza Retriever. 

Todo eso eran tonterías, si algo distinguía a un buen perro de otro era la educación que le daba su dueño. Cuantos buenos animales se habían echado a perder por causa de la irresponsabilidad de sus amos. Ellos sí que necesitaban el curso de educación canina y no sus fieles compañeros.

Miguel se enamoró desde el primer momento en que lo vio.

Hacía seis años que compartían sus vidas y desde entonces eran inseparables. La unión que se había forjado entre ellos era muy fuerte. Miguel se hacía respetar como alfa de la manada, pero devolvía el respeto que su fiel compañero le mostraba con grandes muestras de cariño y afecto. 

Los fines de semana y durante las vacaciones de verano hacían grandes caminatas por el bosque. Le fascinaba la alegría desmedida que Thor sentía en esos momentos, una alegría muy diferente a cuando se encontraban en la ciudad. Cierto que daban paseos, jugaban con la pelota y correteaban siempre que podían, pero no era lo mismo que sentir la libertad de los prados, las montañas y las zambullidas en los ríos. Cuando Thor lo miraba, parecía que sonriera, era algo maravilloso.

Una calurosa mañana del mes de Agosto estaban dando un paseo por los bosques de alrededor de la casa rural donde estaban pasando unos días. En la hogareña masía convivían con otras familias, que como ellos, estaban gozando de unos días de merecido descanso. El ambiente era muy sano y los pequeños pasaban muchos momentos en compañía de Thor, que disfrutaba retando a los niños para que lo persiguieran y le quitarán el palo que llevaba en la boca.

Llevaban un rato caminando cuando Miguel vio una extraña formación rocosa que le recordó a una familia de gnomos. Esa estampa le hizo gracia y decidieron ir hacia allí para verla más de cerca. Thor correteaba feliz detrás de su compañero, de vez en cuando se lo quedaba mirando fijamente con las patas un poco flexionadas, señal que Miguel interpretaba como “ya estás tardando en tirarme un palo, chaval”. A los pocos segundos, el perro salía corriendo detrás de la rama que Miguel le tiraba. Así podían pasar horas sin que se enteraran.

Una vez que llegaron a las extrañas rocas, Miguel empezó a explorarlas. Siempre se había sentido atraído por la geología, coleccionaba minerales y estudiaba como aficionado la evolución geológica de la Tierra. Thor lo seguía allí donde iba.

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Al cabo de una hora, agotado de tanta caminata, se sentó en una roca y sacó la cantimplora. Se la apoyó en los labios y la levantó para dar un buen trago. Tras saciar su sed, sacó el cuenco portátil de la mochila y lo llenó para que Thor también bebiera. Al alzar la vista hacia el frente, vio un extraño brillo procedente de detrás de un árbol. Recogió los trastos, se colgó la mochila y se dirigió hacia allí.

Cuanto más se acercaba, más brillaba aquel extraño objeto. Thor iba detrás de Miguel sin atreverse a adelantarlo, algo muy raro en él, que siempre iba por delante abriendo camino.

–Tranquilo, chico. Vamos a acercarnos poco a poco.

A menos de un metro de distancia, el objeto se asemejaba a una especie de esfera. Un cosquilleo recorrió el cuerpo de Miguel, sin embargo, Thor no parecía asustado, de hecho, se adelantó y lo cogió con la boca.

–¡Thor, no!

En cuanto Miguel cogió a su perro por el collar, desaparecieron.

***

En la redacción de la revista Abducción 2.0, el periodista de investigación Roberto Planas estaba en la cuerda floja. Hacía semanas que no conseguía una buena historia y el redactor jefe lo había amenazado con despedirlo si no era capaz de traerle un artículo.

La cuestión era que no sabía por dónde empezar. El tema de los ovnis, alienígenas y demás no daba más de sí, desde que los canales de documentales habían empezado a emitir programas que hablaban sobre la teoría de los antiguos astronautas, la gente ya no leía las revistas especializadas, era mucho más cómodo encender la tele y plantarse horas delante de la caja tonta.

Sin embargo, uno de los contactos que tenía repartidos por las zonas rurales de España, se había puesto en contacto con él para explicarle no sé qué de un chaval con un perro. Se ve que habían estado desaparecidos unas horas y que cuando llegaron a la casa rural donde se alojaban, el chico hablaba de cosas muy raras. Lo más curioso, según su contacto, era que llevaba meses viviendo en esa masía y el dinero no se les acababa. 

El tema no era gran cosa y tal vez se tratase tan solo de un pirado, pero no tenía nada más y su puesto de trabajo estaba en juego, así que no le quedó más remedio que desplazarse a aquella lejana localidad del Prepirineo catalán, uno de los parajes más bellos de España.

***

Unos golpes sonaron en la puerta de la habitación.

–Adelante.

La puerta se abrió y entró la dueña de la casa rural.

–Buenos días, Miguel. Le traigo el desayuno.

–María, le he dicho mil veces que no me llame así. Ya no respondo por ese nombre.

–Lo siento, cónsul Mija’el. No me acabo de acostumbrar.

–Bueno, no se preocupe. Ojalá ese fuera el mayor de nuestros problemas, ¿no cree?

–Desde luego.–dijo María haciéndose la interesante.

–¿Han hecho los cambios que les propuse? Si necesitan más dinero solo tienen que pedirlo.

–Estamos en ello. En pocas semanas esta casa será autosuficiente y nos podremos desconectar de la red eléctrica central. Muchas gracias por sus consejos.

–No son míos, María. Ellos nos ayudan, ya lo sabes.

–Claro que sí, otra cosa a la que no me acostumbro.

–Es normal. Son muy discretos y no suelen actuar directamente.

–Actúan a través de los cónsules, ¿verdad?

–Verdad. Muy bien. Veo que vamos progresando. Muchas gracias por el desayuno. Luego nos vemos.

María saludó inclinando la cabeza y salió de la habitación, dejando a Mija’el y a su inseparable amigo Thor a solas.

–Poco a poco comprenderán.

–Espero que no sea demasiado tarde, amigo.

***

Roberto bajó del coche a primera hora de la tarde. Gósol estaba casi en el fin del mundo, pero el viaje había merecido la pena. Los paisajes eran espectaculares y la paz que se respiraba en esas montañas no tenía igual.

Entró en una de las dos panaderías de la plaza y preguntó por la casa rural de los señores Puig. La simpática dependienta le indicó por dónde tenía que ir y se dirigió allí masticando un pedazo de pan de pueblo.

Tras diez minutos de relajante paseo, llegó a la masía. 

Le llamó la atención las placas solares instaladas encima del tejado y en un terreno circundante.

Varias familias descansaban en el jardín delantero mientras los niños jugaban a pelota o a perseguirse sin descanso. Qué lejos quedaban aquellos tiempos donde podía correr horas y horas sin parar.

Cruzó por en medio de aquellos pequeños y entró en el caserón. Una mujer mayor con un delantal atado en la cintura estaba acabando de arreglar las mesas del comedor. Un hombre grande y con cara afable lavaba los platos en la cocina del fondo.

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–Buenas tardes. Mi nombre es Roberto Planas. Estoy buscando a un chico que se llama Miguel, va acompañado de un perro, creo que se hospeda aquí.

–Así es. Está en su habitación. –dijo María.

–¿Podría hablar con él?

–Eso dependerá de él. Si quiere puedo subir y preguntar si le apetece recibirle.

–Es usted muy amable.

La anciana dejó sus tareas a un lado y subió las escaleras. Roberto se acercó a la abertura que daba a la cocina y entabló conversación con el hombre.

–Tienen una masía muy bonita.

–Muchas gracias, joven. 

–¿Es usted el señor Puig?

–El mismo. –contestó sin hacerle demasiado caso. Todavía tenía una buena pila por lavar 

–Me he fijado en la cantidad de placas fotovoltaicas que tienen instaladas.

–Impresionante, ¿a que sí? Estamos trabajando en un proyecto para hacer sostenible nuestro negocio. En poco tiempo tendremos autosuficiencia energética.

–Vaya, sí que lo es.

–Y esto es solo el principio. Vamos a trabajar para no utilizar ningún tipo de carburante procedente de combustibles fósiles ni utilizar ningún tipo de plásticos. 

–Pues espero que tengan suerte. Es una gran empresa.

–Ya lo creo, pero ellos nos ayudarán.

–¿Quiénes?

–Ellos. –dijo mirando hacia arriba.

Roberto miró hacia el techo y luego de nuevo hacia el señor Puig. Fue a responder, pero se lo pensó mejor. No tenía claro si ese hombre estaba muy bien de la azotea.

–Me alegro. Seguro que os irá todo muy bien. –le dijo.

–Claro que sí. Saben lo que se hacen.

Roberto se despidió y lo dejó fregando platos. Era mejor no entrar en esos debates.

Se oyeron pasos en la escalera. La señora Puig apareció en el comedor.

–Puede usted subir. Es la puerta del fondo, en la segunda planta.

–Muchas gracias.

Subió los peldaños de dos en dos. Quería acabar con todo aquello lo antes posible. El cariz que había tomado la conversación con el señor Puig le había dejado una extraña sensación.

Llamó a la puerta.

–Pase, señor Planas.

Roberto abrió la puerta y se encontró con el tal Miguel sentado en un escritorio antiguo escribiendo algo en un cuaderno. Un perro negro con una mancha blanca en el pecho lo miraba atento sentado al lado de su dueño.

–Hola, un placer conocerle, por fin.

–Igualmente. No sabe lo que me alegra que una publicación tan prestigiosa como la suya quiera hacerme una entrevista.

–¿Cómo sabe que vengo a hacerle una entrevista? No lo he comentado con nadie.

–Ellos lo saben todo.

Ya estábamos en las mismas. Otro que se pensaba que hablaba con alguien sobrenatural.

–Entiendo. –dijo Roberto.

–No, no lo entiende. Todavía no, pero no importa. ¿De qué quería hablar? –preguntó Miguel señalando hacia una silla para que se sentara.

–Muy amable. A ver, usted es Miguel Gómez.

–Perdone que le interrumpa. Antes me llamaba Miguel, ahora soy el cónsul Mija’el.

–¿Perdone?

–Creo que es mejor que escuche mi historia y luego me haga las preguntas, así no tendré que interrumpirle constantemente.

–De acuerdo, me parece bien. –dijo Roberto, que empezaba a sentir curiosidad por todo aquello.

–Los rumores hablan de una abducción. Supongo que por eso su revista Abducción  2.0 se ha fijado en mí.

Roberto asintió con la cabeza cada vez más sorprendido de que supiera tanto sobre ellos sin haberle explicado nada.

–Pues debo decirle que los rumores son ciertos. En el bosque encontramos un objeto esférico que nos trasladó del bosque a una nave espacial. Allí pasamos varios años. No, no se preocupe, no nos hicieron nada malo. Esos seres son buenos, llevan cuidando de nosotros desde siempre. Al principio nos asustamos, como se puede usted imaginar, pero enseguida nos explicaron los motivos de todo aquello y que nos habían elegido para salvar la Tierra. Aquellos años los pasamos formándonos para ello. Cuando acabó ese proceso, nos enviaron de nuevo aquí para empezar a concienciar a la gente de que teníamos que cambiar nuestra forma de actuar. 

–Un momento, por favor. Lo que me explica es imposible. La gente dice que solo estuvieron desaparecidos unas horas.

–Cierto. Unas horas en este planeta, cuatro años en la nave.

Roberto apuntó lo que el tal Mija’el le decía cada vez más alucinado. Ese chico hablaba con tal seguridad, que parecía cierto.

–¿De qué tipo de formación estamos hablando?

–Señor Planas, nuestro planeta se muere. Los humanos han acelerado el calentamiento global de tal manera que no nos queda mucho tiempo. Nos han formado en maneras alternativas de generar energía, en nuevas formas de reciclar nuestros desechos, en formas de atenuar la expulsión de CO2 a la atmósfera, cosas por el estilo.

–Pero eso ya lo conocemos, el problema es que no se aplica.

–Correcto. Sin embargo, nuestros conocimientos son mucho más avanzados. Además, nos han provisto de un nuevo mineral desconocido en la Tierra que hará que esa nueva tecnología sea posible.

–¿Y lo va a hacer usted solo?

–No, sería muy difícil. Nuestros superiores han formado a cientos de personas por todo el planeta. Estamos esperando a que nos den el permiso para empezar a actuar, por eso paso los días aquí, con la familia Puig. Los ayudo a hacer un negocio sostenible. Cuando nos den la señal, todos nos daremos a conocer.

–¿A qué se refiere?

–El poder en malas manos ha hecho que lleguemos al colapso del planeta. Hace muchos años que se podrían haber desarrollado alternativas energéticas más verdes y limpias, pero la mayoría de los gobernantes de este mundo tienen intereses en las compañías petroleras, del carbón, del uranio y tantas otras, paralizando el avance hacia otros métodos menos dañinos para el planeta. Eso dejará de ser así en cuanto nos den la señal. Entraremos en juego con nuestras grandes fortunas para desplazar a los poderosos y encarrilar el devenir del planeta.

–Vaya, un plan muy ambicioso. ¿Esto tiene algo que ver con lo que me han dicho sobre que el dinero no se le acaba? ¿Cómo es posible? 

–Gracias al mineral del que le he hablado. Una de sus muchas cualidades consiste en duplicar la materia. En este caso, los billetes de euro. 

–Perdone que se lo diga, pero hasta para mí que estoy acostumbrado a entrevistar a todo tipo de extrañas personas, se me hace difícil de asimilar.

–Lo comprendemos, pero poco a poco os iréis adaptando al nuevo juego de poder.

–¿Por qué habla en plural? ¿Se refiere a los otros? –preguntó Roberto mirando hacia arriba 

–Oh, no. No me refiero a ellos. Me refiero a mí y a Thor, mi fiel compañero. Gracias a él podré hacer frente a los convulsos tiempos que están por venir. La lucha en los despachos va a ser encarnizada, él me guiará.

Roberto miró a la mascota y está torció la cabeza con ese gesto tan característico que solo hacen cuando les hablas.

–¿Y se puede saber cómo le va a ayudar su perro?

–Tiene en su interior ese mineral tan misterioso. Lo dotó de una inteligencia muy superior a la mía, él se encargará de que todo salga bien, yo estaré a su lado y hablaré a través de él para que la gente no se altere. 

–No lo entiendo.

–Thor. Será mejor que se lo demuestres para que nos acabe de tomar en serio.

Roberto miraba al tal Mija’el y al perro con una sensación cada vez más certera de que le estaban tomando el pelo. La historia que le había contado era una pasada para un artículo, pero no quería escuchar más. No era necesario hacer más el ridículo. El aplomo inicial se había transformado en algo esotérico.

Hizo amago de levantarse para abandonar la habitación.

–No se vaya todavía, por favor. Vuelva a tomar asiento.

Roberto miró a Mija’el, pero no había movido la boca para nada.

–Aquí abajo.

Con la boca abierta, el periodista miró al suelo y vio como Thor lo miraba con una expresión en los ojos que no era la de un perro, recordaba mucho a la mirada humana, sus ojos eran diferentes, con otra luz.

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–Hola, Roberto. Un placer.

El periodista se levantó como un resorte, la silla cayó al suelo y él retrocedió hasta la pared.

–Tranquilo. Es inofensivo, tanto como lo somos tú y yo. –dijo Mija’el.

–No puede ser. ¿Un perro que habla? –preguntó un Roberto cada vez más sorprendido.

Thor continuó con la explicación.

–Correcto. Soy un perro y hablo. Como te ha dicho Mija’el, al tragarme la esfera que encontramos aquel día en el bosque, nos trasladamos a la nave nodriza, pero al mismo tiempo, mi inteligencia y raciocinio mejoró, produciéndose una alteración en mi ADN que me capacitó para poder expresar mejor los nuevos conocimientos que invadían mi mente. Ahora, tras nuestra formación, ya estamos preparados para cambiar el mundo.

–Madre mía, así que es cierto. 

–Sí. –dijo Mija’el. –Y hemos pensado que vuestra revista es ideal para darnos a conocer antes de los prodigios tecnológicos que verá el mundo en pocos meses.

–Pero este tipo de noticias no las lee nadie importante, solo los frikis.

–Precisamente por eso, porque necesitamos a toda esa gente de pensamiento abierto para que divulguen las primeras noticias. –dijo Thor.

Roberto todavía no se acostumbraba a hablar con el perro, pero estaba claro que era la clave de todo.

–¿Y después qué?

–Estas últimas semanas hemos creado un entramado empresarial enorme que poco a poco se situará en la élite de los centros de negocios y políticos de los diferentes países. –explicó Mija’el. –Con nuestra tecnología solucionaremos las necesidades energéticas de los más pobres, los cultivos serán más sostenibles y llegarán a todos y las guerras por intereses económicos acabarán cuando estemos en el poder. Esto no hay quien lo pare, Roberto.

–¡Increíble!

–No queda alternativa posible. Ellos nos han dado un ultimátum. Si no somos capaces de enderezar el rumbo de nuestros actos, no nos garantizan que sobrevivamos como especie. –dijo Thor.

–Insinúas que…

–Exacto. Ellos velan por el bienestar del planeta y sus especies, pero si alguna pone en riesgo la vida de las otras, la eliminan. Por eso vamos a ser tan radicales, porque ya no nos queda tiempo. –aclaró Mija’el. 

–Vaya, esto no me lo esperaba.

–Así que ahora ve a la revista, escribe el artículo y despídete del trabajo. A continuación, ves a esta dirección, a partir de ahora serás el jefe de prensa de la sección europea, la que lideraremos nosotros.

–Pero no puedo hacer eso, tengo un montón de deudas y no me puedo arriesgar de esta manera. –se lamentó Roberto.

–Thor, dale un adelanto para que solucione los problemas del pasado. Roberto, con nosotros nadie más sufrirá por el dinero.

Thor se puso en pie, cogió con la boca el billete de veinte euros que le daba su dueño, lo dejó en el suelo y abrió la boca. Un destello de luz salió de ella e iluminó el billete. La habitación empezó a brillar. Roberto tuvo que protegerse los ojos. Cuando el brillo desapareció, en el lugar donde antes había un billete, ahora había cientos de ellos, miles.

Estaban apilados en perfecto orden.

–Arregla tus asuntos y ven a vernos. La reunión ha terminado. –dijo Thor.

Roberto recogió el dinero, lo guardó en la mochila y salió de la habitación.

No daba crédito a lo que acababa de vivir. Cuando los de la redacción leyeran el artículo pensarían que estaba loco, pero ya no le importaba. Un nuevo orden iba a gobernar el planeta de ahora en adelante. La respuesta a si estaban solos en el universo había encontrado respuesta, pero no dependía de él hacerlo público, eso lo decidirían otros.

Bajó las escaleras y encontró a los señores Puig descansando en sendas butacas.

–Buena suerte en su nueva etapa, joven. –dijo la señora Puig.

–¿Cómo dice? –preguntó Roberto, que levantó la mirada del suelo.

–Con ellos, tengo entendido que va a ser el jefe de prensa. Mucha suerte. –dijo mirando hacia arriba.

Al mirarla, se dio cuenta de que el color de sus pupilas había cambiado, en ese momento eran de un color fuego que recordaría el resto de su vida.

No dijo nada más y abandonó el lugar a toda prisa. 

Esperaba que esos seres tuvieran buenas intenciones, porque si no, la vida de los humanos en el planeta tenía los días contados.

Debía prepararse para un nuevo orden mundial, donde el protagonista sería un precioso labrador negro con una mancha blanca en el pecho y otras tantas del mismo color en la punta de las patas.

JORDI ROCANDIO CLUA

Nos leemos.

 

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