Relatos

RELATO CORTO: “EL TALISMAN”

Hola a tod@s. Hoy publico el relato número 45 del Reto Ray Bradbury. Me hace especial ilusión porque las protagonistas de esta historia pertenecen a una de las razas del mundo que estoy creando para mi siguiente novela.

Ya me diréis qué os parece esta pequeña aventura. No os podéis llegar a imaginar lo que hay detrás de todo esto.

 

EL TALISMÁN

 

La humanidad se encuentra en su punto más frágil. El virus Derunu asoló el sistema solar tres siglos atrás, acabando con todos los varones del planeta. La plaga fue terrible, se intentó de todo, pero el virus avanzó de una manera tan violenta que no se pudo hacer nada. Empezaba una época sin varones. Se les echó terriblemente de menos, por supuesto, pero se tuvo que aprender a vivir sin esa sección de la especie humana. Pronto las reservas de esperma se acabaron y hubo que recurrirse a otros métodos para la supervivencia.

Desde entonces, y gracias a las mejoras de las técnicas de clonación, los planetas conocidos son habitados únicamente por mujeres, inmunes a los efectos del devastador cataclismo, ya que cada vez que se clonaba un varón moría irremediablemente, víctima del virus.

Al final, se abandonó el intento de clonar a los hombres y una nueva era surgió.

En la actualidad, el núcleo de nuestra Luna ha empezado a desestabilizarse y solo un artefacto con una tecnología muy concreta es capaz de evitar su colapso, el llamado Talismán. Este objeto está constituido por tres piezas con forma geométrica: la Esfera, el Cubo y el Prisma.

Sin ellas, todo acabará pronto, así que hay que recuperarlas y activar el mecanismo que generará un campo de fuerza capaz de estabilizar el satélite.

En su momento, se decidió separarlas debido a su poder energético ilimitado. Para que no cayeran en malas manos, cada una de las razas dominantes y una representante de la humanidad se quedó con una pieza cada una. La Esfera quedó en poder de las eternas, el Cubo lo custodiaron las humanas y el Prisma fue responsabilidad de las espectras.

Hace poco tiempo, cuando las espectras vieron que todo se desmoronaba, decidieron arrebatarles el Cubo a las humanas, adquiriendo más poder del que deberían.

Ese desequilibrio llevó a las dos razas dominantes al enfrentamiento y a continuos recelos.

Sin embargo, el tiempo se acaba, a la Luna no le queda mucho y el Talismán es más necesario que nunca. Es hora de actuar…

Nahia ha vuelto con éxito de la misión que le han ordenado, nunca falla cuando se la necesita. Sin duda, es una de las mejores de su raza, las eternas, caracterizadas por su inmortalidad y sus increíbles habilidades. No hay mujeres más fuertes y rápidas que ellas en todo el Sistema.

Se encuentra de vuelta en el Museo Naval de Barcelona, su cuartel general, donde tiene que entregar el informe de su misión a su superiora, Samy, una eterna muy antigua que gobierna desde hace milenios.

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Nahia avanza grácilmente por los estrechos pasillos que conducen al despacho de su jefa. Cuando llega delante de la imponente puerta de roble, la golpea con fuerza.

—Adelante, sabes que mi puerta siempre está abierta.

—Lo sé, Samy, es la costumbre.

—Me alegra tu vuelta, Nahia. ¿Cómo ha ido con esas espectras?

—No ha sido fácil, he tenido que emplearme a fondo, pero lo he conseguido.

—¿Bajas?

—Nada grave, el paquete iba custodiado por dos comandantes. He conseguido dejarlas inconscientes. A la primera la he cogido desprevenida y la he reducido de inmediato. Con la segunda la cosa ha sido más difícil, ha intentado golpearme con unos hierros procedentes de una obra, pero los he podido esquivar y acercarme a ella velozmente. Cuando estaba a unos metros, he notado cómo empezaba a asfixiarme con mi propio colgante. Al final he conseguido golpearla en un movimiento rápido y todo ha acabado. Ya deben de haber despertado.

—Perfecto. Debemos intentar que las cosas entre nosotras no vayan a más. En un tiempo fuimos aliadas, hay que hacer lo que sea para aproximar posiciones. ¿Puedo verlo?

—Claro, aquí está.

Nahia abre el maletín que ha depositado encima de la mesa y extrae un artefacto en forma de cubo.

—Es precioso —comenta Samy después de observar el objeto durante unos segundos—. Bien hecho, ya estamos más cerca de nuestro objetivo final.

—Sí, señora, estamos más cerca, pero las espectras tienen el Prisma a buen recaudo. No será fácil recuperarlo.

—Lo sé, esas mujeres son de lo más molestas y no debemos menospreciar sus habilidades, pero es la única manera que tenemos de estabilizar el núcleo. Sin él no tardaremos en desaparecer. No perdamos más el tiempo, te enviaré los datos sobre la informadora a tu terminal personal. Ponte en camino.

—Sí, señora, me pongo de inmediato.

—Para esta importante tarea te acompañará Lena; no confío en nadie más para que te ayude. Te espera en la sala común.

—Será un honor recuperar el Prisma a su lado. Nos conocemos desde hace años y no hay nadie mejor.

—Perfecto, id con cuidado y suerte.

Samy observa cómo Nahia abandona su despacho. No ha sido fácil para ella enviarla a esta misión, pero no hay otra eterna mejor para triunfar en este asunto. De complexión atlética y con unas cualidades excepcionales, Nahia siempre ha destacado por su lealtad y fuertes convicciones, nada la aparta de su objetivo si piensa que por lo que lucha es justo. Su dura formación la ha hecho ir subiendo en el escalafón de su raza, convirtiéndola en una figura indispensable de su equipo más próximo. Sin ella se encontraría perdida y sin protección. Le desea toda la suerte del mundo, por el bien de la humanidad.

Nahia deja el despacho de Samy con una sensación extraña en su interior. Nunca ha entendido por qué las espectras llegaron a alejarse tanto de ellas. Recuerda con ternura cuando se juntaban todas para defender las amenazas externas. Ojalá todo volviera a ser como antes.

Mientras se dirige al puerto, reflexiona sobre sus actuales enemigas, las espectras. Hace tiempo que ellas abandonaron el planeta a su suerte al conocer que la Luna se desestabilizaba y que le quedaba poco para explotar. Asentadas en el satélite Europa, la luna de Júpiter, poco les importaba el devenir de las ciudadanas de la Tierra. Ellas solo piensan en su propio futuro y el resto de los seres les dan igual, cosa que Nahia no entiende, porque ellas no eran así en el pasado.

La principal característica de las espectras es poder manipular la materia a su antojo. Cualquier objeto o material es susceptible de ser utilizado a su favor. Si no te andas con cuidado, pueden hacer contigo lo que quieran, cualquier cosa es posible si puedes usar todo lo que te rodea como arma. Suerte tienen las eternas de poseer una piel dura como el diamante y ser extremadamente ágiles y fuertes, porque, si no, no tendrían ninguna posibilidad. De hecho, ha sido una suerte poder interceptar el Cubo antes de que subiera a la lanzadera, camino de Europa.

Las espectras lo habían cambiado continuamente de lugar para que fuera más difícil de recuperar, pero esta vez interceptaron una comunicación y descubrieron que iba a pasar por la Tierra. Que únicamente estuviera custodiada por dos de ellas ha sido providencial, ya que, de lo contrario, tal vez no hubiera tenido éxito.

Pensando en estas cosas, pasa por la sala común de las instalaciones. Allí ya se encuentra Lena, una de las eternas más capaces y vieja conocida de Nahia.

—Hola, Lena. Me alegra mucho que vayas a acompañarme, a veces trabajar sola se hace duro.

—Hola, vieja amiga. El placer es mío. Nos lo pasaremos bien y así tendremos tiempo de ponernos al día. ¿Cuánto hace que no trabajamos juntas?

—Buf, muchos años. Una de las cosas negativas de mi ascenso a agente de campo es, precisamente, que paso muchas jornadas lejos de aquí y separada de mis amistades.

—Bueno, esta misión nos va a volver a unir, ya verás. Tendremos tiempo de sobra para nosotras.

—Cierto, dependiendo de adónde tengamos que ir, nos esperan muchas horas muertas.

—Por cierto, ¿tienes ya la información acerca de nuestra reunión con la informadora?

—Samy ha dicho que me lo enviaría a mi terminal personal, así que vayamos al puerto y embarquemos en el Galeón.

—Te sigo.

Las dos se dirigen al Puerto Estelar, ubicado en el antiguo Moll de la Fusta. Allí atraca el navío de Nahia, el Galeón, una impresionante nave con cuatro cubiertas, destinadas a la bodega, camarotes para la tripulación, comedor, salas de reuniones, el camarote de la capitana y el puente. En la cubierta de la bodega se pueden encontrar varios laboratorios y un pequeño garaje con vehículos para los desplazamientos en tierra o agua. La nave dispone de todo lo necesario para pasar largas jornadas sin atracar en puerto alguno.

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Al arribar al Puerto Estelar, recogen la autorización que le permite a Lena acceder, con rango de capitana, a todas las instalaciones y recursos que ella crea conveniente.

Después de cruzar varias estancias destinadas al descanso de las tripulaciones, se encuentran de frente con la nave, que está siendo sometida a la obligatoria inspección de seguridad previa a cada partida.

Acceden a su interior por una larga rampa y se encaminan al puente.

—¡Capitana en el puente!

—Gracias, Ayla, os presento a Lena, nos acompañará de ahora en adelante. Tiene el rango de capitana, así que la obedeceréis como si se tratara de mí. ¿Entendido?

—Sí, señora —responde al unísono toda la tripulación, que consta de ocho eternas preparadas, entre ellas, Ayla, la segunda de abordo.

—Es un honor acompañaros de ahora en adelante. Espero que nos ayudemos mutuamente y todo salga bien —dice Lena a modo de saludo.

—Perfecto, compañeras. ¿Todo en orden para zarpar?

—Todo listo, capitana. Cuando acaben la inspección, podemos ponernos en marcha.

—Entendido. Toma el control del Puente, Ayla. Estaremos en mi camarote.

Nahia y Lena se dirigen hacia la terminal personal, situada en su camarote para comprobar si les han informado de su siguiente destino. Al abrir la bandeja de entrada, ven que hay un mensaje de Samy con los detalles de la misión. Nahia lo desencripta. Después de unos segundos, empieza a leerlo. Deben dirigirse a la colonia Hope, en Marte. Se trata de una colonia permanente donde conviven humanas y eternas desde hace decenas de años.

Allí deben reunirse con una humana conocida como Ferro, ya que tiene información fidedigna sobre el modo de acceder a las instalaciones de las espectras en la Luna Europa.

Su encuentro sucederá en el almacén de suministros Protect, de su propiedad, negocio que abastece a las gentes de las colonias de los materiales más «especiales» al margen de los procedimientos frecuentes.

—Ya tenemos el primer objetivo que cumplir, Nahia.

—Desde luego, esta misión nos va a poner al límite y vamos a hacer cosas que jamás hubiéramos esperado, pero hay que hacerles frente e ir hasta el final.

—Bien dicho, vamos a informar al resto de la tripulación.

Ponen rumbo al agujero de gusano que les conducirá a la órbita del planeta rojo. Está custodiado por una avanzadilla eterna, así que no tienen ningún problema para conseguir el permiso necesario para cruzarlo.

El viaje no dura más que unos segundos, de repente Marte aparece ante sus ojos. Aterrizan sin problemas en el Puerto New Earth, destinado a las naves procedentes de la Tierra.

Gracias a los avances de los últimos descubrimientos en terraformación, la vida en Marte es mucho más sencilla, el clima se ha moderado y amplias zonas acuáticas hacen proliferar los campos verdes. Poco a poco el planeta se va transformando en un nuevo hogar para miles de mujeres de todo el sistema solar.

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Su próximo destino, el almacén de suministros Protect, se encuentra en el extremo norte de la Colonia, así que Nahia y Lena cogen el Buggy del garaje, vehículo ideal para el terreno marciano.

Cuando llegan a la puerta principal, una extraña mujer las está esperando. Se trata de Ferro, la informadora, quien ha ya había recibido un mensaje de Samy anunciándole su llegada Las hace pasar al interior de su zona de aparcamiento y cierra las puertas, colgando el cartel de cerrado.

—Hola, chicas, mi nombre es Ferro, os estaba esperando. Pasad dentro, no es bueno hacer negocios aquí fuera, a la vista de todos.

—Veo que vas directa al grano, está bien. Mi nombre es Nahia y ella es Lena. Venimos a buscar algo delicado que Samy nos ha dicho que posees.

—Shhh, aquí no. Pasad, pasad. —Una vez dentro del local, Ferro las conduce a su despacho, que está forrado de telas metálicas y una especie de campo de fuerza—. Esto me garantiza total privacidad. Mis negocios con Samy han sido duraderos en el tiempo y me ha dicho que necesitáis información para entrar en la base de las espectras en Europa.

—Correcto. Tan solo necesitamos evadir sus sistemas de vigilancia y alguna entrada secundaria que poder cruzar. ¿Qué sabes de ese lugar?

—Lo que me pedís es sencillo, ya que tengo una ruta de contrabando abierta allí. Eso no es problema. Lo malo es el clima, ya sabéis que ellas controlan la materia y el frío no las afecta, pero al resto sí; así que os tendréis que tomar un compuesto especial que he inventado para contrarrestar los efectos glaciales. Ahí radica mi éxito comercial, si no me sería imposible enviar a mi gente. Os aviso de que no soy barata, tanto la información como el compuesto saldrán caros.

—El dinero no es problema, te pagaremos lo que nos digas —interviene Lena por primera vez.

—Para mí tampoco es un problema.

—¿Entonces?

—Quiero mis rutas de contrabando hacia la Tierra limpias de vigilancia, tan solo eso.

—¿Nada más? Parece justo, nos haremos grandes favores mutuos. Trato hecho —sentencia Nahia.

Un par de horas después, salen del almacén con la información precisa sobre la ruta de contrabando y el compuesto necesario para aclimatarse sin problemas. Vuelven hacia el Galeón a organizar la misión. La cosa se pone seria de verdad.

El Búnker, cuartel general de las espectras, Europa.

—¿Cómo es posible que hayamos perdido el Cubo?

—Lo siento mucho, Mel, esa eterna es buena de verdad —se excusa Talia ante el Consejo de Sabias.

—La única manera de saber la ubicación de aquel día es hackeando nuestras comunicaciones. Revisad de inmediato todos los protocolos de seguridad, esto no puede volver a ocurrir. Esa maldita Samy se ha pasado de verdad.

—Permite que dé mi punto de vista, Mel —interviene Sara, una de las más ancianas y sabias del Consejo—. Todo este follón lo empezaste tú al robar el Cubo a las humanas y alterar el orden. No entiendo cómo nos pudiste convencer de abandonar la Tierra. Samy ha actuado en defensa de los intereses del planeta y de su raza. Además, les han perdonado la vida a nuestras comandantes, ya que las podría haber ejecutado sin piedad.

—Todas estuvimos de acuerdo en eso, Sara, lo votamos hace tiempo y la idea es de todas, no solo mía. ¿Es que acaso ya no estás conforme? —replica Mel.

—Debe de ser la edad, supongo, en su momento consideré que estaba bien. Dejar de lado a las humanas, tan frágiles y sin habilidades, no me pareció mal, son una raza inferior, no cabe duda, pero ¿quiénes somos nosotras para juzgar a nadie? ¿No seremos nosotras las inferiores por creernos mejores que las demás? Últimamente le doy muchas vueltas a eso.

—Pues tenemos un problema, Sara. Siempre nos hemos caracterizado por ir a una, somos leales entre nosotras y no nos juzgamos unas a otras por nuestras ideas. Creo que la discrepancia es de tal magnitud que debemos convocar de manera inmediata un cónclave. ¿Qué le parece al resto del Consejo?

—Está claro que la situación ha cambiado, debemos reflexionar sobre los actos que hemos cometido y llegar a un nuevo pacto para afrontar lo que se nos viene encima. Si Samy ha recuperado el Cubo, es que quiere activar el Talismán para estabilizar el núcleo de la Luna y salvar a la humanidad —comenta Marta, la más joven del Consejo.

—Cierto, eso quiere decir que vendrá a por el Prisma. Es momento de decidir si luchamos por la supervivencia de nuestra raza o colaboramos para salvar la Tierra —advierte Samanta.

—¿Qué os ha pasado, hermanas? ¿Quién nos asegura que Samy no quiere acaparar todo el poder del Talismán? —pregunta Mel.

—Ella nunca ha sido así, ¿no recordáis nuestra alianza? Fuimos nosotras quienes la rompimos y nos aislamos. Ya estoy harta. Convocamos el cónclave como deseas, Mel. No saldremos hasta que no hayamos llegado a un nuevo acuerdo. —de esta manera, Sara concluye la reunión.

Algo carcome por dentro a las espectras y deben solucionarlo. El futuro de la Tierra está ahora en sus manos.

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Museo Naval de Barcelona, sede central de las eternas.

Alguien entra corriendo en el despacho de Samy. En su rostro se aprecia una expresión de horror, de puro miedo.

—¡Samy, pon las noticias, es urgente, deprisa! —grita Judith, su ayudante personal.

—¿Qué sucede?

En un gesto imperceptible para el ojo humano, Samy coge el mando del televisor y lo enciende. Las imágenes que proyecta son devastadoras, por todo el planeta se están produciendo terremotos, grandes incendios, erupciones volcánicas, tsunamis… Es terrible.

—Nuestros sensores han detectado un desajuste en el núcleo de la Tierra. Son los mismos parámetros que en la Luna, está sucediendo lo mismo.

—No puede ser cierto, ¿estás segura?

—Nuestras científicas lo han comprobado varias veces, no hay errores. Algo grave ha sucedido.

—No puede ser casualidad, tiene que ser un ataque. La pregunta es quién lo ha llevado a cabo.

—¿Un ataque? ¿Cómo es posible? —Se extraña Judith.

—Todavía no lo sé, pero lo vamos a averiguar. Ponme en contacto con todas las avanzadillas que tenemos desplegadas por el Sistema, tienen que saber algo.

—Ahora mismo.

Samy se sienta en su silla terriblemente preocupada. Si como cree, es un ataque, están metidas en un gran lío. Hay que averiguar cuanto antes de quiénes se trata y acabar con ellas.

En esos momentos aparece una conexión en su televisor.

—Habitantes del sistema solar, os habla Grohul, comandante de las fuerzas de invasión de lo que vosotras denomináis Sistema M-46. Hace siglos enviamos un virus denominado Derunu con la intención de exterminar a vuestra especie. Si matábamos a todos vuestros varones, exterminaríamos cualquier rastro de vida. No pensábamos que estuvierais tan avanzadas como para sobrevivir, está claro que cometimos un error. Esto nos ha llevado a acabar con vuestros planetas más habitados. Os informamos de que vuestro final está cerca, no os resistáis, vuestra muerte será rápida en cuanto el planeta colapse. De lo contrario, nos veremos forzados a invadir y matar una a una a todas las habitantes. No negociamos, no queremos nada a cambio, simplemente que muráis y desaparezcáis de una vez.

—¡Joder! Así que fueron ellos los que propagaron el virus. Madre mía, estamos en un buen lío.

—Ya puedes comunicarte con las avanzadillas —la interrumpe Judith.

—Gracias. —Samy aprieta varios botones de su consola y en un monitor aparecen cuatro imágenes. Ya está en contacto con sus avanzadillas.

—Ya habéis oído a ese tal Grohul. ¿Dónde están? Su nave tiene que estar cerca como para poder transmitir.

—Hemos escaneado los cuatro cuadrantes del Sistema que tenemos asignados y hay una concordancia en un punto. Parece como si nuestros aparatos no pudieran rastrear cuando se acercan a esa zona. Tienen que ser ellos. Están detrás de Saturno, el gigante gaseoso.

—Perfecto, chicas, muchas gracias. No nos queda otra que atacar y forzar a que abandonen nuestro sistema. El resto ya lo arreglaremos con el Talismán cuando llegue el momento. No hagáis nada por ahora. Intentaré avisar a Nahia. Con su nave se podrán acercar sin ser detectadas.

—De acuerdo, jefa, estamos a la espera de órdenes.

Samy comunica deprisa con el Galeón, no hay tiempo que perder. Ya están muriendo miles de personas por todo el planeta.

—Aquí el Galeón, soy Ayla, segunda de abordo.

—Hola, Ayla, necesito hablar con Nahia y Lena ya. Es urgente.

—Lo sé, Samy, ya nos hemos enterado del ataque, pero no podemos contactar con ellas, ya han bajado a Europa a por el Prisma y allí las comunicaciones son imposibles.

—¡Oh, no! ¿Y ahora qué hacemos?

El Búnker, cuartel general de las espectras, Europa.

Nahia y Lena han podido descender a Europa sin ser detectadas. Las indicaciones de Ferro son excelentes. El compuesto que se han bebido parece que surte efecto, pasan frío, pero es aceptable para las temperaturas tan extremas del satélite.

El conducto de ventilación está despejado, en pocos minutos podrán acceder a las instalaciones del Búnker.

—Venga, Lena, más rápido. Ya estamos cerca.

—Mira, veo el final del conducto. Ahora, vayamos despacio, debemos asegurarnos de que estamos solas.

Agarran la puerta de metal que tienen delante; es rígida, pero con su fuerza no les supondrá ningún problema. La arrancan en cuestión de segundos. Se deslizan por la abertura y se esconden detrás de unas cajas de suministros, esperan unos segundos para comprobar el silencio.

—Todo despejado, sigamos adelante.

De repente, de la nada aparecen unos alambres de acero que aprietan con fuerza los cuerpos de ambas eternas. Inmediatamente caen al suelo inmovilizadas.

—Es una trampa, me voy a cargar a esa tal Ferro cuando tenga la oportunidad. —Lena jadea, casi sin poder respirar.

—Nos han fastidiado bien, maldita traidora.

De detrás de una puerta aparecen las espectras, todo el Consejo de Sabias y las dos comandantes que Nahia dejó inconscientes en la Tierra.

—Hola, eternas. Si no me equivoco, vosotras debéis de ser Nahia y Lena. Muy hábiles al intentar entrar por este respiradero —dice Mel.

—Menos mal que Ferro nos ha avisado. A partir de ahora debemos ser más cautas —sigue Sara.

—Lo sabía, esa desgraciada lo pagará —suelta Nahia con rabia.

—No seas dura con ella. De hecho, Ferro nos ha hecho un gran favor a todas.

—¿Cómo dices? —pregunta Lena.

—Primero de todo liberarlas de sus ataduras. No tenéis nada que temer, el conflicto entre nosotras ha finalizado. Acompañadnos y os sacaremos de dudas.

Al instante se ven liberadas, no saben qué está sucediendo. Ambas siguen con inquietud a las espectras hacia una cómoda sala de reuniones.

—Sentaos —les ordena Marta—. Relajaos, hermanas.

—¿De qué estáis hablando? Explicaos, por favor —suplica Nahia.

—Nuestro conflicto ha durado demasiado, nos entraron dudas sobre nuestro comportamiento y decidimos reunirnos en cónclave para afianzar una nueva posición. Admitimos nuestros errores y os pedimos perdón por esa falsa moral que creíamos tener, algo que nos llevó a lo peor de una raza, sentirse superiores al resto. Eso se acabó. Nunca debimos abandonar a la Tierra a su suerte ni hacernos con el Cubo. Repito, os pedimos perdón —empieza explicando Sara.

—Durante el cónclave recibimos un mensaje de Ferro, explicando que Samy se había puesto en contacto con ella y que necesitaba hablar con nosotras urgentemente. De inmediato llamamos, por supuesto. Samy nos informó de vuestras intenciones y nos dijo que debíamos pararos —continúa Mel.

—¿Samy?, pero, ¿qué…? —intenta expresar Nahia.

—Tranquila, Nahia, no os ha traicionado. Aquí tienes un mensaje de ella explicándolo todo. Escuchad atentamente, lo que vas a oír ha cambiado por completo la situación. —Mel activa un control de su terminal.

Un monitor se conecta y aparece Samy, quien las pone al día de los últimos acontecimientos. Nahia y Lena se quedan de piedra. Las nuevas noticias sobre la propagación del virus las han dejado estupefactas.

—Así están las cosas, pero eso no es todo. Hemos decidido aliarnos de nuevo, hermanas, para acabar con esa escoria juntas, como en los viejos tiempos —sentencia Samantha—. Vamos a arreglar algo que nunca debió romperse.

Nahia no se lo puede creer, se levanta con rabia contenida y golpea brutalmente una pared, echándola abajo. Segundos después, se acerca a Mel lentamente con la mirada pegada al suelo. Al levantar la cabeza, todas pueden ver cómo Nahia está emocionada. En un rápido movimiento, coge a Mel y la aprieta contra sí, las dos se funden en un largo abrazo. A continuación, se dirige a las dos comandantes a las que agredió:

—Os pido disculpas, espero que me perdonéis. Será un honor luchar a vuestro lado —dice Nahia arrodillada delante de ellas.

—El honor es nuestro, Nahia, eres excepcional como luchadora y te debemos la vida. Pudiste acabar con nosotras y nos dejaste ir. Siempre nos tendrás a tu lado —responde Talia alzando a Nahia.

Segundos después, todas hablan distendidas. Empiezan a maquinar el plan de ataque. Hay trabajo que hacer. Juntas nadie las podrá parar.

Siguiendo el plan de Samy, deciden atacar la nave del comandante Grohul ocultas en el navío estelar de las eternas. Sus sistemas de ocultación son excelentes, hasta ahora indetectables; así que podrán acercarse al casco y penetrar por alguna de las aberturas que toda nave posee.

El escuadrón de ataque lo forman Nahia y Lena, por parte de las eternas; Talia y Alaia, como representantes de las espectras. Todo está a punto.

—Tiempo de aproximación de dos minutos —dice Ayla—. Ajustad los trajes de vuelo, os dejaré lo más cerca que pueda.

El Galeón no ha sido detectado, por lo que el acceso al casco enemigo es asequible. Solo tienen que encontrar una abertura y colarse dentro.

—Estamos preparadas. Cuando nos digas, saltamos —responde Nahia.

—Suerte, chicas, el salto es en tres, dos, uno…

Las cuatro valientes saltan al espacio y se acercan a la imponente nave fuertemente propulsadas por sus trajes. Hacen contacto enseguida y no tardan en comprobar que hay decenas de aberturas, por lo que no les es difícil encontrar una por la cual penetrar. Al llegar al final de uno de los conductos de expulsión de basura, Talia mueve una mano y fuerza la compuerta para que puedan pasar al interior de la nave. Cuando las cuatro están dentro, deja de ejercer la fuerza mental y la compuerta vuelve a su lugar.

—¡Vaya, Talia, eso es una pasada! —comenta Lena—. Esperad un segundo que compruebo los niveles de oxígeno, no os quitéis el traje. Ya casi está. Perfecto. Hay un ambiente similar al de la tierra. Podremos respirar sin problemas.

Las cuatro se desprenden de sus trajes y los guardan en sus mochilas, por si los necesitan para volver al Galeón. Entonces, Alaia suelta cientos de nano-robots que actúan como escáneres. En muy poco espacio de tiempo, se internan por cualquier conducto o pasillo que detectan y empiezan a escanearlo todo: estancias, túneles y seres vivos son procesados en cuestión de minutos y pasados a los terminales que llevan cada una de ellas.

—Perfecto, Alaia, ya empiezan a llegar los datos. ¡Vaya!, me esperaba más invasores. Están concentrados en lo que parece ser el puente de mando. Son solo cuatro, seguramente oficiales, y parecen una especie de medusa rara con tentáculos. Son asquerosos —comenta Talia.

—Confían demasiado en su tecnología. Pensad que no necesitan demasiado si pueden hacer colapsar un planeta tan rápido. Como ellos han expresado, lo que no esperan es que nosotras estemos tan avanzadas —dice Nahia.

—Pues se van a llevar una sorpresa. Vamos a por ellos. No os fieis, desconocemos si poseen habilidades como nosotras —interviene Lena.

Se encaminan hacia el puente. Los nano-robots han escaneado la nave a la perfección. En cuestión de minutos, llegan a su objetivo.

Sin pensárselo demasiado, Nahia y Lena tiran abajo la puerta con una certera patada. Ayla levanta como si nada una mesa que hay en el centro del puente y aplasta sin piedad a uno de esos seres. Los otros tres se giran de inmediato y se encaran a ellas. Uno de ellos extiende sus tentáculos e inmoviliza a Talia de inmediato; acto seguido, se gira hacia Lena y le lanza un puñetazo, que ella esquiva sin mayores dificultades.

—¡Cuidado, chicas! Creo que pueden tomar control de nuestras mentes, tenemos que ser rápidas o acabarán con nosotras —grita Lena, quien rápidamente se acerca al que está controlando a Talia y le aplasta la cabeza contra el suelo con un terrible golpe.

Talia vuelve a ser dueña de ella misma y, sin pensárselo dos veces, saca de su mochila varias picas punzantes y las hace volar hacia otro de esos seres, que es atravesado sin piedad y queda tirado en el suelo.

Nahia, a una velocidad difícil de ser captada por el ojo humano, se coloca detrás del último invasor y lo inmoviliza, pero enseguida siente que empieza a perder el dominio de sus extremidades; sin duda, la están manipulando. En ese momento, aparece Alaia y comprime, de manera brutal, las ropas del invasor. Este, al verse privado de oxígeno, pierde el dominio sobre Nahia, quien aprovecha para atarlo bien a una silla con las cuerdas que lleva en su mochila.

—No dejes de apretar, Alaia, sin oxígeno está indefenso; pero no lo mates, debemos hablar con él —dice Nahia, que se coloca enfrente del extraño ser para interrogarlo.

—En este sistema no tenéis nada que hacer. La próxima vez que nos encontremos será para exterminaros, ¿queda claro? No nos subestiméis, ya ves lo fácil que ha sido acabar con vosotros.

—Entendido, humana, yo no tengo autoridad para decidir, transmitiré este mensaje a Grohul, nuestro comandante. Él decidirá.

—Que elija sabiamente, eso es todo. Si no cesa su amenaza, iremos a por él. No vamos a permitir amenazas de nadie y menos de unos desalmados que son capaces de exterminar razas enteras. Como habéis podido comprobar, nuestra tecnología nos protege. Andaros con cuidado. Vamos, chicas, creo que ya hemos terminado aquí —dice Nahia.

—Todavía no —interviene Lena—. ¿Qué pasa con respecto al virus?

—No existe solución contra eso. Me temo que todo varón morirá siempre —explica el invasor.

—Desgraciados, deberíamos matarlo aquí mismo —expresa Alaia con indignación.

—Recuerda que nosotras no somos así, puede irse libremente —dice Nahia.

Se alejan despacio hacia la salida, parece que ese único ser se irá sin más.

Cuando llegan al Galeón, observan cómo la nave enemiga se aleja hacia el Sistema M-46. La misión ha sido un éxito.

Contactan con Samy para informar, parece que en la Tierra hay buenas noticias.

naval barcelona

—Hola, Samy, hemos conseguido reducir a esos bichos. Les hemos dejado claro nuestro mensaje, esperemos que no vuelvan nunca más. En lo único que hemos fallado ha sido con el tema del virus, no hay solución posible a eso.

—Lástima, chicas, pero me esperaba algo así. Si nuestras científicas no han encontrado el remedio, es que es posible que no lo haya. Por lo que respecta a lo demás, buen trabajo y felicidades.

—Gracias, jefa.

—Aquí las cosas no pueden ir mejor. Las espectras nos han traído el Prisma y ya estamos haciendo los preparativos para activar el Talismán y estabilizar los núcleos. Empezaremos por la Tierra para evitar más muertes y seguiremos con la Luna.

—Estupendo, no pueden ser mejores noticias. Cómo me alegra volver a ser aliadas, es algo que nuca tendría que haber cambiado —dice Lena.

El futuro parece prometedor, la unión de las tres razas de la Tierra se ha consumado, vienen años de paz en el sistema solar y las mujeres seguirán gobernando con eficacia los mundos conocidos.

Sin embargo, Nahia no está tranquila del todo. Una oscura sombra se ha retirado, pero las amenazas siempre van a estar ahí y hay que estar preparadas para combatirlas. Ella se encargará de que así sea.

JORDI ROCANDIO CLUA

Nos leemos.

 

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