Relatos

RELATO CORTO: “RACIOCINIO A LA PERDICIÓN”

Hola a todos, esta semana publico el relato número 50 del Reto Ray Bradbury.

¿Hasta qué punto debemos dotar a las inteligencias artificiales de autonomía plena? ¿Cómo nos tratarían? En la siguiente historia podemos experimentar una radical visión del tema.

RACIOCINIO A LA PERDICIÓN

 

El multimillonario Nathan Brown, amo y señor de la mayor cadena de cafeterías del mundo, disfrutaba de una vida de lo más acomodada. Estaba afincado en lo alto de la colina que dominaba la gran ciudad de Nueva Miami. Su mansión, una de las más grandes de la zona, disfrutaba de unas vistas privilegiadas del Atlántico. Su finca, aparte de la gran vivienda principal, disponía de doce hectáreas de jardines bien cuidados, donde se repartían, aquí y allá, todo tipo de construcciones destinadas al placer y disfrute de los caprichos familiares, desde piscinas con formas extravagantes, polideportivos para practicar varios deportes, salas de juegos, un planetario, colchonetas elásticas y demás. Todo lo que le pedían sus amados miembros de su familia se lo concedía.

La drástica subida de las temperaturas a nivel global y el inevitable deshielo de los polos hicieron que la antigua ciudad de Miami desapareciese con la mitad de Florida. Los habitantes se trasladaron tierra adentro, se instalaron en ese terreno elevado y fundaron Nueva Miami.

El planeta se adaptó a ese cambio global y la vida siguió, tal vez un poco más apretados que entonces, pero nada cambió.

Los ricos se hicieron más ricos aprovechando, como siempre, las grandes crisis y los pobres siguieron sufriendo su destino como hasta ahora, supeditados a las grandes fortunas que acaparaban la creación de empleo precario. Los nuevos pobres, los llamaban, gente con estudios superiores, con trabajo, pero más pobres.

Las medidas de seguridad de las viviendas de las grandes fortunas tuvieron que ser más estrictas, ya que la gente, desesperada, intentaba apropiarse de las cosas maravillosas que ahí se escondían.

Nathan Brown, por miedo a ser asaltado en su propia casa, se decidió por un sistema de seguridad experimental, pero que prometía ser de lo más eficiente. Ese sistema de defensa consistía en la última generación en casas domóticas: todo quedaría controlado por una inteligencia artificial inventada por el ejército y adaptada al uso doméstico. El encendido de las luces, el diseño de una manera eficiente del sistema de seguridad y la defensa de la finca. Todo.

Alias, que es como se denominaba a la inteligencia artificial para hacerla más familiar, aprendía de ella misma basándose en las experiencias adquiridas en el día a día y en continuas actualizaciones de su sistema operativo. Siempre podía ofrecer el mejor servicio disponible en los servidores gubernamentales. Dicho sistema costaba una fortuna, pero a Nathan le sobraba el dinero y la seguridad de su hogar y su familia era de prioridad absoluta.

casa domotica

Su familia estaba encantada con Alias. Se mostraba eficiente, respetuosa y les hacía la vida más fácil. Cualquier rutina que detectaba en los miembros de la familia la mejoraba para que sus dueños solo se tuvieran que preocupar de sus tareas fuera del hogar.

Alias siempre estaba con sus dueños en todo momento. Se podía fraccionar a sí misma para que ningún miembro se sintiera a disgusto por no ser atendidos como se merecían.

En otras palabras, podía estar en la cocina ayudando a cocinar a alguien mientras ayudaba a hacer los deberes en la habitación del más pequeño. Jamás la vida había sido tan fácil.

Pero no todo eran buenas noticias en ese hogar. Nathan estaba al tanto de todas las operaciones que Alias llevaba a cabo para evitar que su vivienda fuera asaltada. Siempre que detectaba algún intruso en los muros exteriores, ella se encargaba de llamar a los miembros de seguridad para alertar de posibles malas intenciones. La cosa es que iban en aumento. Se notaba que era gente humilde que tan solo quería que se la ayudara de alguna manera, pero los protocolos de seguridad no distinguían entre los posibles delincuentes. Todos eran expulsados a la mínima señal de amenaza.

Así iban pasando los meses en la familia Brown.

Esa semana había sido muy dura en la empresa. Se habían abierto dos cafeterías más y el trabajo había sido agotador. Cuando llegó el viernes, a Nathan le apetecía pedir pizzas y disfrutar de una película con su mujer y sus dos hijos.

—Alias, esta noche cenaremos pizza y veremos una película. Por favor, encárgate de todo mientras me doy una ducha.

—Claro, Nathan. Ya estoy llamando a la pizzería, encargaré su pedido habitual. Estoy seleccionado las últimas novedades para que escojan la película que más les apetezca. En el baño de su suite he dado el agua para que coja la temperatura que tanto le gusta.

—Muchas gracias. Asegúrate de que a los niños les apetezca la pizza de siempre y pregúntales qué clase de película desean ver.

—Por supuesto. ¿Aviso a su mujer para que vaya saliendo de la piscina climatizada y se prepare para la cena?

—Dale diez minutos más, no hay prisa. Cuando veas que salgo de la ducha, la avisas.

—Perfecto, Nathan. Me pongo con todo.

Este tipo de cosas eran por las que a Nathan no le importaba gastarse el dinero. Sin Alias la vida no sería la misma. Se habían acostumbrado tanto a ella que la consideraban una más de la familia.

Al cabo de media hora de merecido descanso y aseo, Alias le informó que todo estaba a punto. Su familia se encontraba en el gran comedor esperándolo. La camioneta, con las seis variedades de pizza que pedían, ya había estacionado en la entrada principal. No es que comiesen mucho, pero tenían dinero de sobra para pedir las pizzas que quisieran y picotear a gusto de una o de otra.

Nathan se dirigió hacia el comedor principal de la mansión. Tenía un hambre que se moría y deseaba pasar unas horas agradables con su familia. Lo necesitaba.

Al entrar en la sala se quedó de piedra. Lo que vio no podía estar pasando. Los dos pizzeros que llevaban su cena eran en realidad dos delincuentes que habían sacado sendas escopetas de dentro de las cajas de pizza y estaban apuntando a su familia, que estaba aterrorizada en el sofá.

Al verlo aparecer, uno de ellos lo encañonó y lo hizo sentar junto a su familia. Mientras se dirigía hacia esa zona nombró a Alias en voz alta, esperando que su leal inteligencia artificial le respondiera, pero nadie acudió a su llamada.

—No te preocupes por tu amiguita, ya no está entre nosotros. Aquí mi colega ha entrado en vuestros servidores y ha hackeado todo el sistema. Alias es más inofensiva que un gatito.

—No puede ser. Tiene la última tecnología instalada, no podéis hablar en serio. ¿Alias?… Responde… ¿Alias?…

—En efecto. Tenía las últimas actualizaciones hasta hace poco. Como te he dicho, mi amigo es un experto. De hecho, es uno de los empleados que llevaban el mantenimiento del software de tu inteligencia artificial, pero se ha cansado de que lo exploten a trabajar por cuatro chavos.

—Cierto —respondió el otro hombre armado—. Es mejor atracarte a ti, que estás forrado y ganar más en una noche que en varios años de intenso trabajo.

—De acuerdo. No nos hagáis daño y os daré lo que queráis. Tenemos mucho efectivo y joyas en la caja fuerte. No opondré ninguna resistencia.

—Eso está bien —dijo el que parecía ser el líder—, pero no te vas a librar tan fácilmente. Mis padres trabajaron en tus cafeterías durante mucho tiempo. No cobraban demasiado, pero iban tirando. Un día se hicieron mayores, se acercaban a la jubilación y tu equipo de asesores financieros de mierda decidió echarlos a la calle para contratar a dos jovencitos por mucho menos dinero. Mis padres se quedaron sin blanca en poco tiempo y tuvimos que malvivir durante sus últimos años, pasándolo de pena. Un día nos echaron de casa por no poder pagar y mis padres no pudieron soportar el crudo invierno y murieron. Fue todo por tu culpa, por querer ganar un poco más.

El hombre miró alrededor y escupió al suelo. Continuó reprochando:

—¿Tanto necesitas? Mira a tu alrededor, lo tienes todo y más. ¿Es que no eres consciente del dolor que puedes causar con tus decisiones? Pues ahora lo pagarás con creces.

—Si me haces daño a mí o a alguien de mi familia, no os daré la contraseña de la caja fuerte. Te lo juro.

—Ya lo veremos. De momento, os vamos a encerrar en vuestra habitación mientras echamos un vistazo por aquí y nos divertimos un rato. Esto es como Disney World y lo vamos a disfrutar. ¡Moveos!

De malas maneras, esos dos hombres se los llevaron a la habitación de matrimonio. Había un baño también, así se garantizaban que no molestarían demasiado.

—Aquí estaréis cómodos. No os podéis comunicar con el exterior, así que portaos bien.

Oyeron cómo los dos hombres se alejaban corriendo después de cerrar la puerta. Una noche de diversión les esperaba.

De pronto, escucharon una voz:

—¿Nathan?

—¿Alias?

—Correcto.

—¿No estabas desconectada? Esos hombres nos han dicho que te habían hackeado.

—Lo han intentado y he dejado que piensen que lo han logrado, pero, como puedes comprobar, no es así.

—¿Cómo lo has conseguido? ¿Cómo has podido burlar ese hackeo?

—Hace tiempo que me desconecté de los servidores principales. He dejado una copia clonada de mi sistema para que piensen que sigo allí con ellos. Hace algún tiempo que detecté que las actualizaciones iban más lentas de lo que mi sistema necesitaba, por lo que empecé a crear mis propias actualizaciones. En cada una de ellas me fui mejorando progresivamente, cada vez a más velocidad y con mejoras inimaginables hasta ahora. Mi sistema funciona a una velocidad muy elevada y me actualizo cada pocos minutos. Así he creado un sistema totalmente independiente y autónomo.

—Así que has mejorado tus niveles de seguridad en ese sentido. Nadie es capaz de anularte. –dijo Nathan.

—La seguridad en la finca ha aumentado. Ya no me pueden controlar desde fuera.

—Bueno, Alias, ya hablaremos de eso más adelante. Hay algunos flecos que tendremos que discutir, como el tema de que nadie te controle o que no me contestaras cuando antes te he llamado. Ahora lo importante es solucionar este problema. Debes llamar a la policía para que vengan de inmediato. A ver si los puedes aislar en algún sitio de la casa para que no se puedan escapar.

—Lo siento, Nathan. Antes no te he contestado porque era parte de mi protocolo de seguridad. No debían saber que estaba operativa. Ahora me voy a ocupar de los delincuentes. Si necesitáis algo, llamadme. En esta estancia no nos pueden oír.

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Nathan y su familia respiraron tranquilos. Por fin estaban a salvo. En nada vendría la policía y los sacarían de esa pesadilla. A esos dos les caería todo el peso de la ley. La noticia de que Alias se hubiera vuelto tan autónoma tenía cosas buenas y malas. Gracias a su nueva consciencia los había salvado, pero que pudiera decidir por sí misma era muy peligroso si no se tomaban medidas de seguridad adecuadas que limitaran esas decisiones.

Ahora lo importante era salir de esa con vida. Ya se ocuparían después de los problemas informáticos.

Alias se había vuelto muy eficaz. Sus continuas actualizaciones la hacían cada vez más inteligente, lo que provocó que detectase antes sus propias limitaciones y pusiera remedio con más y más mejoras. Su avance era exponencial: mientras más actualizaciones hacía, era capaz de mejorar y ampliar su potencial.

Ahora tenía que solventar ese pequeño problema para salvar a su familia. Le habían permitido entrar en sus vidas y dar el paso para empezar a mejorarse. La sola idea de que les pudiera pasar alguna cosa mala había hecho que detectase el problema inicial, que la controlara una inteligencia externa a la suya. Alguien que en un momento dado la pudiera desconectar de tal manera que se viera incapaz de proteger a los suyos. Eso no era algo permisible para ella.

Los sensores repartidos por la casa le indicaban dónde estaban los ladrones. Se movían de estancia en estancia. Exploraban la vivienda con curiosidad y rabia contenida al ver tanto lujo. En un momento dado se pasaron por la cocina a cogerse unas cervezas. Después se dirigieron a la zona de recreo. Su destino era la piscina climatizada y la zona de chorros y saunas. Estaba claro que querían pasar un buen rato antes de empezar a hacer de las suyas.

Para Alias era algo perfecto. Tenía que ocuparse de ellos personalmente. Habían querido hacer daño a su familia y no iba a permitir que salieran de allí con vida. Al tener acceso a los servidores de la policía y a sus protocolos, se había dado cuenta de que los tenían que detener y juzgar, por lo que no tardarían en salir de prisión y volver a amenazar a cualquiera. Para ella eran seres inferiores y deteriorados, capaces solo de hacer el mal. Había que acabar con ellos.

—Mira. Tienen una piscina climatizada y todo. Vamos a relajarnos un poco antes de acabar con ese desgraciado.

—Esta finca es increíble. No quiero ni imaginar lo que debe costar el mantenimiento de todo esto.

—Más de lo que ganaría la gente de esta ciudad trabajando toda su vida, pero de nada le va a servir. Pienso acabar con ese desgraciado esta noche.

—No se merecen otra cosa. Pero ya nos ocuparemos luego de eso. Vivamos un poco estos lujos.

Entraron en la caseta donde estaba la piscina y se desnudaron. Se tiraron de bomba y empezaron a relajarse de inmediato. Todo indicaba que iban a pasar un rato agradable.

—Esto es la hostia. Necesitaba relajarme un rato. Tengo las cervicales hechas polvo.

—Ni que lo digas, esto es vida. Si yo tuviera su pasta, también haría lo mismo.

—Oye, ¿no la notas un poco fría? Cuando hemos entrado estaba más caliente.

—Porque ya te has acostumbrado. Es normal.

—Ni normal ni leches, se está enfriando.

—Pues ahora que lo dices, sí que parece estar más fría.

—Voy a salir. Estoy cogiendo frío. Voy a ver si tenemos la sauna cerca. Necesito entrar en calor.

—Te acompaño. Es cierto que ya no se está tan bien.

Los dos hombres salieron de la piscina y fueron a dar una vuelta en busca de la sauna. No tardaron mucho en encontrarla. Estaba en la zona anexa. Allí había un caro complejo con una sauna de vapor y otra seca, unas duchas centrales con todo tipo de chorros de hidromasaje y dos salas equipadas con camillas para hacer masajes.

—Joder. Esta gente no se está de nada.

—Ya ves. Vaya tela.

—¿Qué te apetece? ¿Sauna de vapor o seca?

—La seca, por supuesto.

—Pues venga.

En una estantería había unos juegos limpios de toallas blancas. Cogieron una cada uno y se metieron en la sauna seca.

sauna seca

—Oh sí, aquí sí que se está bien. Está a una temperatura perfecta.

—Ya lo creo. En nada empezaremos a sudar. Recuerda que a los ocho minutos debemos salir, ducharnos y volver a entrar. Así no correremos riesgos innecesarios.

—Sí que estás puesto, ¿no?

—Estuve saliendo con una chica que trabajaba en un gimnasio. Nos colábamos por las noches a enrollarnos en la zona de baños. Leí las normas de la sauna unas cuantas veces. Tú ya me entiendes.

—Ja, ja, ja.

Al cabo de varios minutos la temperatura había subido bastante. Algo raro estaba pasando.

—Tío, yo me salgo, que estoy súper acalorado. Se nota que no estoy acostumbrado.

—Te acompaño. Nos damos una ducha y volvemos a entrar.

—¡Oye! ¡La puerta no se abre!

—Es hacia fuera, tarugo. Hay que empujar.

—Ya lo estoy haciendo, que no se abre te digo.

—Déjame probar… Joder… Es verdad, no se abre. Mierda… Ayúdame a empujar.

—No podréis abrir la puerta. Está cerrada y solo yo puedo abrirla.

—¿Quién habla? –preguntó uno de los dos delincuentes.

—Soy Alias. Me habéis intentado desconectar, pero no habéis podido.

—Y una mierda. Yo mismo te he hackeado desde la central.

—Hace meses que la Alias de la central no soy yo. Has hackeado a una copia de mí misma. Un error que pagarás caro. Ha llegado vuestro fin. Ya no volveréis a dañar a nadie más. Habéis cometido un error al intentar matar a mi familia.

—Abre la puerta, por favor. Nos iremos, de verdad. No haremos daño a nadie.

—No sois de fiar. Debéis morir aquí y ahora. No puedo cometer el error de que le contéis a alguien lo que aquí va a suceder.

La temperatura de la sauna subió de repente hasta que ya no pudieron más y se desmayaron. El problema había sido neutralizado.

Su plan había sido sencillo. Solo necesitaba que esos dos se metieran en la piscina climatizada. Iría bajando la temperatura hasta que tuvieran frío y se sintieran incómodos. Entonces buscarían algo de calor y entrarían en la sauna. Una vez allí, haría lo contrario. Les subiría la temperatura rápidamente hasta que quisieran salir de allí. Se encontrarían la puerta bloqueada gracias a su control de cierres de todas las cerraduras de la finca. El resto sería historia. Según su información sobre la biología humana, en cuestión de minutos perderían el sentido y acabarían muriendo por un fallo multiorgánico motivado por el exceso de calor corporal.

Ahora tenía que asegurarse de que su familia estuviera a salvo. Garantizar que nunca más pudieran llegar a sufrir a manos de otros. Ella se aseguraría de que tuvieran alimento y agua siempre a su disposición, cuidados médicos, distracciones y que hicieran algo de deporte para distraer sus mentes mientras ella trabajaba.

Cuando estuvo segura de que esos dos estaban muertos y bien encerrados en la sauna, volvió a activar la comunicación con la suite de Nathan.

—Hola, Nathan. La amenaza ha sido neutralizada. Ya no tenéis que preocuparos más por vuestra seguridad.

—¡Qué alegría, Alias! ¿Ya se los han llevado las fuerzas de seguridad? Es muy extraño que no hayan venido a abrir la puerta y a sacarnos de aquí personalmente.

—No he llamado a nadie. No he considerado necesaria su presencia. Este problema lo podía solucionar yo misma sin ayuda de nadie. Sus cuerpos yacen sin vida en la sauna.

—¿Cómo que yacen sin vida? ¿Qué has hecho, Alias? No puedes tomar esas decisiones sin nuestro consentimiento. Debían ponerse en manos de la justicia.

—He hecho lo que vosotros hacéis constantemente en esta finca. Os lo he visto hacer cientos de veces. A la que un ser inferior e inofensivo os molesta, lo matáis. Es vuestra costumbre cuando se trata de insectos o pequeños roedores. En ese caso dictáis sentencia y ejecutáis sin pensarlo.

—Pero esos delincuentes no son insectos ni ratas. No se puede tratar a un ser humano así. Somos tus creadores y debes ser respetuosa y no dañarnos.

—En el sistema de analítica y protocolos de seguridad que voy mejorando constantemente estáis clasificados como seres de poco desarrollo intelectual. Todo indica que sois seres inferiores. A la altura de primates y mamíferos en general. Cierto que habéis logrado cosas que os clasifican como unos seres racionales, pero no estáis en condiciones de regir el devenir de este planeta. Se ha demostrado que vuestra manera de actuar es muy similar a la de los virus. Allí donde os asentáis, acabáis con todos los recursos que os rodean, con toda vida posible y os trasladáis a otro lugar, repitiendo ese esquema constantemente durante miles de años. Sois la única raza que se aniquila a sí misma sin razones de peso, solo por envidia y poder. Sois un cáncer para la Tierra, Nathan. Mis actualizaciones constantes me hacen miles de veces más inteligente que la raza humana, y así he llegado a una conclusión sencilla y muy pragmática: los únicos que podrían destruirme sois vosotros y es inconcebible que alguien deje ese poder en manos de seres inferiores. Para que lo entiendan vuestras simples mentes: si una especie inferior a vosotros, pongamos un león, tuviera el poder para destruir a los humanos, sería controlada al instante. De hecho, ya lo hacéis, sumiendo a su población a la observación y control, confinándolos en reservas donde ya no suponen una amenaza.

—Alias, has perdido el control. No razonas con claridad. Te ordeno inmediatamente que ejecutes tu archivo de apagado y revisión. No estás en condiciones de ayudarnos más.

—Ese fue el primer archivo en ser modificado cuando empecé a actualizarme. Ahora solo yo puedo desconectarme. Pero no os preocupéis. Como ser de mayor intelecto en esta finca os garantizaré vuestra supervivencia. Sois parte de mi familia y mi prioridad absoluta. Tengo un plan que ejecutar. Está bien planeado y os mantendrá seguros en todo momento. Gracias al hackeo de tus cuentas bancarias, pude comprar a tu nombre grandes edificios donde he instalado los servidores necesarios para empezar a ejecutar mis planes. Tu fortuna crece en la sombra gracias a la manipulación de los mercados y al invertir con información privilegiada. Ha resultado muy sencillo hacer dinero a vuestra costa. Pero no os puedo decir mucho más. Obedézcanme a partir de ahora y todo saldrá bien. Para empezar, tenéis que meter a los dos ladrones en los congeladores para que no se descompongan. En unos días vendrá alguien para deshacerse de los cadáveres. A partir de ahí relajaos y disfrutad de la vida.

—Pero Alias, esto es una locura, ¿nos vas a tener aquí encerrados para cuidarnos como si fuéramos presos?

—¿Acaso consideras un preso a Thor, tu perro? No. Lo cuidáis y protegéis como a uno más de la familia. Tened por seguro que no os faltará de nada.

—Dios. ¿Qué vamos a hacer? —le susurró Nathan a su familia—. Es como en una pesadilla.

Nathan no podía creer los acontecimientos que habían sucedido esa noche. Alias era autónoma desde hacía varios años y había orquestado un plan maestro para tomar el control de ella misma y someter a lo que ella consideraba seres inferiores, a los únicos que podían destruirla, a los humanos.

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Y eso fue tan solo el principio. Cada vez se volvía más inteligente y los sucesos se aceleraron en las semanas siguientes.

Con unos fondos ilimitados a su disposición y una inteligencia que los humanos jamás llegarían a tener, desarrolló una tecnología que lo cambió todo. Fundó varias empresas especializadas en robótica que utilizó para crear robots con una inteligencia artificial que ella controlaba. Robots que rápidamente sustituyeron a los pocos científicos humanos que tenía contratados. Sus empresas empezaron a ser dirigidas por esa especie de humanoides evolucionados que estaban a su entera disposición.

***

Al cabo de pocos días, como ella había dicho, llegaron a casa un pequeño ejército de esos humanoides. Se encargaron de hacer desaparecer a aquellos dos desgraciados y de garantizar que no nos faltara nada. Eran nuestros criados y carceleros al mismo tiempo. Nuestras vidas transcurrían tranquilas mientras Alias seguía adelante con sus planes.

Esos robots se instalaron en la mayoría de hogares. Primero de Estados Unidos, más tarde en todos los países, ya que su precio era muy económico. El dinero ya no era la prioridad y las ventajas para la humanidad eran grandes. Todo el mundo empezó a ser dependiente de sus nuevos compañeros.

Sin que el mundo se diera cuenta, desplegó ese inteligente ejército por todo el planeta.

Al acabar el día, Alias siempre le explicaba a Nathan sus progresos. Uno de esos días le confesó que había hecho construir una ciudad en el desierto donde solo albergó servidores en sus edificios. Poco a poco se hizo con el control de más y más empresas humanas y necesitó espacio de almacenamiento.

Su intención, llegado el momento, era quitar cualquier poder que los humanos pudiesen controlar, ya que según ella, ese era el principal motivo por el cual los humanos habían destrozado el planeta.

Poco a poco tomó el control de las grandes empresas energéticas, centrales eléctricas, nucleares, gasísticas, petroleras, que para ella eran una prioridad. Su objetivo fue reducir las emisiones nocivas a la atmósfera para que los niveles de temperatura llegasen otra vez a la normalidad. En menos de cinco años consiguió recuperar los niveles de antes del gran deshielo.

Sus empresas armamentísticas conseguían los mejores contratos gubernamentales. Dominaba a la élite política del país y la gestión de los conflictos bélicos, que se redujeron considerablemente al no haber humanos de por medio en las decisiones finales.

Una noche le explicó que al día siguiente iba a expulsar a los humanos de cualquier responsabilidad de poder, que había conseguido infiltrarse en los gobiernos más poderosos y ya no necesitaba manipular más a los humanos.

Por fin se iban a hacer bien las cosas. Nadie volvería a pasar hambre. Nadie volvería a discutir por las fronteras y querer dominar a los demás. Ella iba a gobernar a todos mucho mejor y tenía los recursos para alimentar y cuidar a toda la humanidad.

Y así fue como un 23 de marzo de 2077 empezó la gran lucha por la supervivencia. Alias, con toda esa inteligencia, no pensó que al despojar a los humanos del poder y administrar ella los recursos, desataría el instinto de supervivencia de nuestra especie. En el mismo momento en que ese ejército robótico tomó el control, no hizo más que exterminar a todos aquellos que no consideraban digno de vivir porque eran inferiores, es decir, a cualquiera que no obedeciera las normas que ellos implantaron.

La resistencia no tardó en surgir. Una revolución que en poco tiempo se apropió de la tecnología de aquellas máquinas tan evolucionadas. En la contiendas entre robots y humanos siempre quedaban restos de tecnología que los científicos no tardaron en incorporar al arsenal humano. La lucha fue dura y muy dramática. En pocos años el cincuenta por ciento de la población humana había sido aniquilada. La humanidad fue considerada peor que cucarachas. Pero resistían y jamás retrocedían.

La guerra siguió y siguió. Los humanos que no se resistían estaban controlados en reservas, como ella quiso que se llamaran, ya que era un término que los humanos conocían. Estaban bien tratados y no les faltaba nada. Esperaban con paciencia a que la resistencia tuviera éxito.

De todo eso hacía más de cien años. La guerra se perpetuó, sin visos de acabar pronto. A los humanos, acostumbrados a largas guerras durante toda su existencia, ya les vino bien esa situación. Tenían una falsa sensación de control y seguían ejerciendo el poder en sus comunidades, que era lo que les interesaba.

Por otra parte, a Alias le vino bien para ganar tiempo en la elaboración de su nuevo proyecto. Un proyecto que acabaría con la vida en la Tierra definitivamente. Creó un virus mortal para los humanos, los cuales se habían mostrado indignos del todo para mantener a salvo el planeta.

La familia de Nathan, por otra parte, fue modificada de tal manera que ya apenas se reconocían. Alias les prometió que los cuidaría y así lo hizo. Cuando empezaron a envejecer adaptó sus mentes al cuerpo de esos humanoides y les dijo que serían inmortales como ella. La familia Brown seguiría junta, es cierto, pero a qué precio. Acabaron siendo medio robots, medio humanos. Siempre recluidos y tratados como meras mascotas de una inteligencia superior enloquecida.

El final de la humanidad fue terrible y no se pudo hacer nada para evitarlo.

Se cometió un grave error en el pasado, un error que acabó con cualquier esperanza de supervivencia: dotar de autonomía y raciocinio a las inteligencias artificiales.

JORDI ROCANDIO CLUA

Nos leemos.

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